viernes, 11 de noviembre de 2016

PREVISIONES DE CRECIMIENTO DEL FMI

¿Qué país crecerá más en 2016?

España ocupa el puesto 82 entre los países con mayor crecimiento. Irak será el que más mejore su PIB este año, un 10,3%, según el FMI. 


La economía mundial avanza a ritmo consistente pero insuficiente. Una velocidad de crucero que requiere de más brío para animar el comercio mundial. Grandes potencias como Rusia y Brasil sufren un sarampión económico y China, con su transformación económica, ha levantado el pie del acelerador. Con estos ingredientes la economía global crecerá un 3,1% este año, una décima menos que el año anterior, según las previsiones publicadas este miércoles por el Fondo Monetario Internacional (FMI): Unos pronósticos que revelan un crecimiento desigual en el mundo. Países emergentes y en desarrollo presentan tasas de crecimiento del PIB por encima del 7% y las economías más desarrolladas apenas pueden alcanzar un ritmo del 2%. Una prueba de la atonía que vive la economía mundial.

De los 190 países analizados por el Fondo, ¿cuál es el que más crece?

Irak es sorprendentemente el país que mejores perspectivas ofrece para el cierre de este año, según el Fondo que calcula que crecerá un 10,3% a pesar de la grave crisis política que atraviesa el cuarto mayor productor de petróleo del mundo que aún padece las secuelas de la guerra. Resulta difícil explicar este salto del país islámico porque según las estimaciones del Fondo el año pasado la economía iraquí perdió un 2,4% y en 2017 solo avanzará un 0,5%. Aunque probablemente la institución con sede en Washington esté considerando el efecto de la nueva línea de crédito que ha concedido a Irak este verano por más de 5.000 millones de dólares a cambio de severas reformas.
Myanmar, la antigua Birmania, es el segundo país del mundo que mejor comportamiento económico presentará este año. El PIB del país del sudeste asiático crecerá en 2016 un 8,1%, una tasa en línea con la explosión económica que vive el país que lidera la explotación mundial de teca. El año pasado creció un 7% y en 2017, el Fondo espera que la economía avance otro 7,7%. La región está viviendo en los últimos años un dulce despertar tras las pesadillas financieras de los noventa. Camboya, Bangladesh, Filipinas, Vietnam, Laos y Bután están entre los 15 países del mundo que más crecerán este año, todos aumentarán su PIB en tasas por encima del 6%.
Entre los países cuyas economías sufren más se encuentran Sudán del Sur, en una situación semibélica, con una caída del 13,1%. Le sigue, con un descenso del 10% para este año, Venezuela, un país sumido en una dura crisis económica, social y política. Guinea Ecuatorial (-9,9%) y Surinam (-7%) completan el cuarteto de países cuyas economías se contraen más de un 5%.

La posición de España

Para encontrar en qué posición se encuentra España hay que descender hasta el puesto 82 de la lista de los países que más crecen. El Fondo estima que este año el PIB española mejorará un 3,1%, una décima menos que el año pasado a pesar de llevar casi todo el año sin un Gobierno estable que pueda aprobar reformas. Aunque este crecimiento resulta modesto comparado con el de los países en vías de desarrollo o emergentes, lo cierto es que para un país desarrollado como España crecer a este ritmo es una buena noticia. Las perspectivas no son tan halagüeñas el próximo año cuando el FMI calcula que la economía española reduzca su velocidad hasta registrar un crecimiento de 2,2% por la pérdida de fuerza de los vientos de cola que han insuflado potencia a la actividad española.
Entre las economías de la Unión Europea, solo Irlanda, Malta y Luxemburgo están entre los 75 primeros países que más crecen. Irlanda (en la posición 34ª) será la economía de la UE más dinámica con un crecimiento del 4,9%; Malta es 49ª con un 4,1%, y Luxemburgo (en el puesto 68º) mejorará su economía un 3,5%. Entre otros países europeos Islandia, que ocupa el puesto 32º, avanzará un 5% y Suecia (64ª, con una tasa de PIB del 3,6%) también están entre los que mejor se comportarán este año.
España es así, de entre las economías que el FMI clasifica como avanzadas, la sexta que más crece, no la primera, como por error dijo este martes el ministro de Economía, Luis de Guindos. Desde su anterior informe, el Fondo ha revisado al alza las previsiones de crecimiento de España, desde el 2,6% al 3,1%. Esa mejora es también una de las mayores entre los países desarrollados (aunque hay otras cinco economías avanzadas con mayores revisiones al alza). Si se analiza la mejora de las previsiones de todo el mundo, la revisión al alza de España es la 34ª.
Hay que retroceder más allá del puesto 125 de la lista de países que más crecerán este año, según las perspectivas del Fondo, para encontrar a las grandes potencias europeas como Reino Unido, Alemania, Francia, Italia, Holanda o Austria. Todos estos países comunitarios crecerán por debajo del 2% lo que refleja la debilidad de la economía europea que aún no ha digerido por completo la crisis financiera que estalló hace casi una década y que vive sumida en una crisis institucional con el Brexit amenazando aún más a una famélica economía. A pesar de estas tímidas tasas de crecimiento, lo cierto es que se trata de economías maduras y consolidadas. En realidad, un punto de crecimiento del PIB de estos países podría equivaler a varios en algunos países en vías de desarrollo. 
Entre las economías que más crecerán el próximo año apenas hay alguna potencia mundial. Los primeros países con una economía más activa son asiáticos o africanos. India y China, dos economías cuya potencia les ha permitido crecer a tasas superiores al 7% tienen un comportamiento ligeramente diferenciado. Mientras India mantiene un ritmo muy alto de actividad con crecimientos del 7,6% este año y el próximo, China muestra signos de enfriamiento tras la decisión de sus autoridades de cambiar su modelo económico, de un país básicamente productor a uno donde la demanda doméstica tenga más fuerza. Esta travesía ha provocado una ralentización hasta el 6,6% del PIB este año, la menor tasa de las últimas décadas. El Fondo espera que el primer país por población del mundo frene cuatro décimas más el próximo año.
Lo cierto es que las perspectivas del FMI revelan una fuerte desigualdad mundial. Con comportamientos diferenciados según las regiones. África y sobre todo el sudeste asiático avanzan a ritmo de vértigo mientras que los países más desarrollados de Europa y Estados Unidos parecen haber consumido buena parte de su gasolina en esta época de turbulencias.
Pinchar aquí para ver el artículo en la web del diario El País. 

viernes, 4 de noviembre de 2016

La Unión Europea: El poder Ocasional



Que la política exterior de la UE es la suma de los intereses de los países miembros es alto sobradamente sabido. Ese es para muchos el lastre más importante de los 28, incluso después del TUE de Lisboa en 2007. Y esta circunstancia hace que la UE pierda pie en esta carrera. En el actual orden mundial, donde no hay hegemones claros, surgen de la crisis económica líderes claros, como los BRICS, que dirigen sus respectivas regiones, y que quieren contar en las grandes decisiones internacionales. Su crecimiento económico posibilitó su nacimiento como países emergentes, y aprovecharon su potencial monetario para situarse como referentes internacionales en lo político y lo estratégico. China y Rusia son los claros ejemplos. Mientras tanto, la UE sigue sin aprovechar su enorme potencial y pierde pie con respecto de estos líderes regionales, además de EE.UU. Mientras que se sigue teniendo en cuenta a la UE en materia económica, donde los 28 delegan importantes responsabilidades en el Consejo o en la Comisión (el debate del TTIP es el ejemplo claro), la consideración sobre las materias PESC o PESD son observadas desde un punto de vista más laxo, ya que todos saben que las decisiones en estas materias, también en la acción exterior, necesitan de un consenso especial de los países miembros, y que existe la posibilidad de veto[1]

La economía no es suficiente para poder llevar los valores de la UE al resto del mundo, sobre todo aquellos países que son un riesgo para la seguridad de los europeos, entendida la seguridad no solo como la llegada de yihadistas, sino como la provisión de alimentos o energía. Al Soft Power que vende la UE le han salido serios competidores, que llevan la misma seguridad económica, o más,  para que puedan prosperar sin exigir a cambio gobernanza, derechos humanos o democracia. Otro elemento que posibilita la falta de política exterior de la UE surge de la reflexión siguiente: los países de la UE también están considerados como los mayores donantes de ayuda humanitaria del mundo. Los países, no la UE. Ni siquiera para un asunto tan determinante existe una posición global, ya que la llamada diplomacia clásica sigue operando en el inconsciente colectivo de los diferentes países.

La economía por sí sola no garantiza nada; le falta una diplomacia fuerte con una sola voz, apoyada por un aparato militar potente. Tal es el caso de EE.UU y, últimamente, de Rusia[2], a pesar del veto europeo y estadounidense por la crisis de Ucrania; China también controla estos tres aspectos que le confieren el título de hegemón regional. Precisamente, tal y como relata el autor del artículo[3], Ucrania ha sido uno de los pocos momentos en los que la UE ha hablado con una única voz en el ámbito internacional desde la PESC. A pesar del TUE de Lisboa, la política exterior de la UE sigue teniendo muy poco peso.

Existe un antes y un después de los noes de Francia y Holanda[4] a la Constitución Europea. En ésta se ponían las bases para una verdadera unión política. A pesar del no a la Constitución Europea, el TUE de Lisboa de 2007 pretendió sustituirla, pero no lo consiguió. Es cierto que se aprobó una presidencia permanente del Consejo y una figura de ministro de Asuntos Exteriores (el Alto Representante), pero ésta es una competencia compartida entre la Unión y los estados miembros[5]. También se refuerza al Parlamento Europeo. Es decir, se crea un legislativo fuerte, se hacen propias las competencias económicas pero no se crea un ejecutivo potente. Sin duda la actitud de países como Reino Unido, Alemania o Francia impiden una unidad política mayor en la UE, ya que piensan que la defensa de sus intereses irá mejor por sí mismos. Sin embargo esta afirmación es cortoplacista e incierta, ya que las amenazas que vienen son tan globales que se necesita la anuencia de una superestructura como la de la UE para poder superarlas. Nueve países[6] de la UE no forman parte de la Unión Económica y Monetaria. De todos ellos, la única moneda que compite con el dólar o el euro es la libra esterlina, aunque esta última cotiza por debajo de la estadounidense y la europea. 

Son razones históricas las que hacen que Reino Unido sea tan euroescéptico; sin duda el británico ha sido uno de los tres imperios que han existido en el mundo, al menos para el neo estructuralista Inmanuel Wallerstein[7]. Pero a pesar de estar en condiciones para controlar situaciones de carácter internacional de manera aislada, resulta beneficioso para cualquier país formar parte de la UE según el principio de la racionalidad de la cooperación de Robert Axelrod. Hoy el milagro europeo pende de un hilo, concretamente con el referéndum británico de permanencia en la UE que se celebrará en 2017. Un “Brexit” podría marcar la salida de otros países como Austria o República Checa de manera inmediata. Y esta situación se da a pesar de las condiciones ventajosas que Reino Unido tiene en la UE[8].

Tanto la ONU como la OTAN forman parte de las decisiones que los 28 han ido tomando a este respecto. Después de la guerra fría y la caída de Muro de Berlín, la geoestrategia mundial cambió radicalmente. Naciones Unidas tenía el mandato de convertirse en la sociedad de naciones que Inmanuel Kant diseñó en su opúsculo “La Paz Perpetua”[9]. Y aunque no haya conseguido serlo, muchas de las contiendas internacionales se siguen solucionando en el seno de su Consejo de Seguridad. La OTAN representa el poder militar de buena parte del mundo; en concreto de 22 de los 28 miembros de la UE. ¿Por qué hace falta una estructura militar propia entonces? Como excusa resulta razonable en el cortoplacismo al que me refería hace un momento. Pero, tal y como refleja Jan Techau en su artículo[10], la gestión de la crisis de los refugiados sirios ha puesto en entredicho la capacidad de los países del primer mundo para ayudar a solucionar una crisis humanitaria de primer grado. Lógicamente, las dudas y falta de acción de la UE han generado desconfianza internacional sobre ella; si ni siquiera en este asunto de tanto calado humanitario han dejado de prevalecer los intereses nacionales de los países, ¿qué se puede esperar, hoy día de la acción exterior de la UE?

La política europea de vecindad (en adelante PEV) desarrollada desde el denominado Proceso de Barcelona de 1995, se consolidó como una forma de llevar los valores a las fronteras sur y este de la UE, a la vez que se controlaban, desde la prevención, las amenazas. Para los vecinos del Sur de la UE, se generaban importantes ayudas económicas a cambio de participar de sus mercados de manera prioritaria, además de influir en su gobernanza a través de los valores de la UE (democracia, derechos humanos); Pero la PEV puesta en marcha oficialmente desde 2003 no ha funcionado. Injerencias propias (Francia con la Unión por el Mediterráneo de 2008), la crisis económica y las primaveras árabes cuestionaron claramente este sistema de partenariado. No en vano, la UE negocia con gobiernos dictatoriales y autocráticos, al que envía gran cantidad de dinero, para mantener unas relaciones económicas privilegiadas y un cambio de gobernanza que nunca ha llegado.

La UE debe mantener su estatus de poder hegemónico regional. Pero ya no es atractiva para los países de las fronteras SUR y ESTE. Como ya dijimos, muchos terceros estados compiten con la UE en mantener unas relaciones estables (China, Rusia, Arabia Saudita, Qatar y Kuwait, entre otros). De hecho en 2015 se ha producido una discrepancia entre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo sobre este asunto. La UE no quiere renunciar a la implantación de sus valores, que por otro lado son universales, pero los países receptores están recibiendo ayuda sin la presión de aceptar “imposiciones” morales y socio-políticas. Por ello la UE de hoy se esfuerza en mantener una relación privilegiada con EE.UU; también al revés puesto que el título de hegemón mundial ya no existe y EE.UU se esfuerza en mantener su candidatura (sólo de esta forma se entiende la campaña que el Presidente Obama ha puesto en marcha en Reino Unido para que se mantenga en la UE[11]). Quizá EE.UU., sabiendo de esta debilidad, esperemos que coyuntural, de la UE, se empeñe en la firma del TTIP[12], del que sabemos oficialmente poco y que pone en cuestión a la mismísima Organización Mundial del Comercio (en adelante OMC) en diferentes áreas como la sanitaria[13].

Si la UE se desdibuja en sus relaciones bilaterales, en las organizaciones supranacionales como la OSCE, en el G7, G8 o G20 y deja de influir en el mundo de manera decisiva, se corre el riesgo de volver a tener un mapa geopolítico de bloques en vez de valores. Por ello, sin renunciar al Soft Power, a la implantación de los valores, la UE debe caminar inexorablemente a la unión política en una posición de fuerza dentro del multilateralismo actual.



[1] La mayoría cualificada, o doble mayoría,  que funciona desde el 1 de noviembre de 2014 establece que para las propuestas de la Comisión Europea o de la Alta Representante debes ser aprobadas por 16 de los 28 países cuando representen al 65% de la población de la UE. Por otro lado, existe una minoría de bloqueo cuando así lo hacen cuatro países que representen el 35% de la población de la UE.
[2] Ya sea como país o a través de la Organización de Cooperación de Shangai o de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva.
[3] Jan Techau: Strategic options for Europe, the occasional power. Carnegie Europe. 18 diciembre 2015. Página 2, párrafo 4.
[4] Referéndums celebrados el 29 de mayo de 2005 en Francia y el 1 de junio de 2005 en Holanda.
[5] La PESC y la PESD son competencia compartidas especiales.
[6] Bulgaria, República Checa, Dinamarca, Croacia, Hungría, Polonia, Rumanía, Suecia y Reino Unido. https://www.ecb.europa.eu/euro/intro/html/map.es.html
[7] Wallerstein dice que, en la historia del mundo, tres imperios han controlado al 100% y en algún momento tanto la PRODUCCIÓN AGROINDUSTRIAL, como EL COMERCIO y las FINANZAS: HOLANDA en el siglo XVIII, Reino Unido  en el siglo XIX  y  EE.UU en el siglo XX.
[8] Reino Unido mantiene desde su integración en la CEE en 1973, después de que De Gaulle dejara el gobierno francés ya que era quien vetaba su entrada desde 1961, cuatro cláusulas denominadas opt-out, es decir, cuatro áreas donde su legislación prevalece sobre la de la UE. Estas son: No sumarse a la Unión Económica y Monetaria (no es zona Euro), no forma parte de la zona Schengen, políticas sociales (carta de derechos de los europeos) y el área de seguridad, libertad y justicia.
[9]Kant. La paz perpetua. Tecnos. Madrid. 1985. Sin duda, la obra de Kant adelanta muchas de las ideas sobre las que descansa el mundo de la política internacional hoy día. Conceptos tales como federación de pueblos, derecho de gentes, justicia global y república serían sinónimos de la actual Naciones Unidas como garante del imperio de la ley, el derecho internacional y la democracia.
[10] Ibídem nota 3, página 3, párrafo 6.
[11] El Mundo, 23 de abril de 2016. “El presidente estadounidense, Barack Obama, ha defendido su derecho a inmiscuirse en el debate sobre el referéndum de la Unión Europea alegando la "relación especial" con el Reino Unido y en defensa de los intereses americanos”.
[13] La OMC alerta del TTIP si se incluye el ámbito sanitario.

viernes, 28 de octubre de 2016

El Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares en la actualidad

Las potencias nucleares gastan miles de millones de dólares para modernizar sus arsenales, según expertos. Crédito: Administración Nacional de Seguridad Nuclear de Estados Unidos.


La cantidad de armas nucleares en el mundo descendió levemente, pero la modernización de ese arsenal sigue avanzando, advierte el Anuario 2015 del Instituto Internacional de Estocolmo de Investigación para la Paz (SIPRI), publicado el lunes 15 de junio del año pasado.

El estudio concluye que el número de este tipo de armas está disminuyendo principalmente porque continúa la reducción de los arsenales nucleares en poder de Estados Unidos y Rusia.
“Pero esto sucede a un ritmo más lento que hace una década”, precisa el Anuario de Sipri, un instituto independiente con sede en Suecia.
Al mismo tiempo, ambos países tienen “extensos y caros” programas de modernización en curso y a largo plazo para sus restantes sistemas de lanzamiento y producción nucleares.
Actualmente hay nueve Estados (China, Corea del Norte, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, India, Israel, Pakistán y Rusia) que tienen unas 15.850 armas nucleares, de las cuales 4.300 están desplegados con fuerzas operativas.
Aproximadamente 1.800 de las armas se mantienen en un estado de alerta máxima operativa.
“Los programas de modernización en curso en los Estados poseedores de armas nucleares sugieren que ninguno de ellos renunciará a sus arsenales… en el futuro próximo”, señaló Shannon Kile, investigadora del Sipri.
Estados Unidos, por ejemplo, proyecta un gasto de un billón de dólares (millón de millones) en los próximos 30 años para tener dos fábricas de bombas nuevas, además de más bombas, misiles, aviones y submarinos para lanzar las armas.
Alice Slater, la directora de la independiente Fundación por la Paz en la Era Nuclear, con sede en Nueva York, dijo a IPS que lo decepcionante del informe del Sipri es que todos los países con arsenales nucleares los están modernizando, y especialmente China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia.
Esos cinco países, los mayores poseedores de armas nucleares, se comprometieron en el  Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) de 1970 “a celebrar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas a la cesación de la carrera de armamentos nucleares en una fecha próxima y al desarme nuclear”, indicó Slater.
Sin embargo, esta omisión de las promesas asumidas y reiteradas en las quinquenales conferencias de examen del TNP impulsó una campaña de los Estados que no tienen armas nucleares para negociar un tratado que prohíba estas bombas y las declare ilegales, como sucedió con las armas químicas y biológicas, dijo Slater.
Con las excepciones de Estados Unidos y Rusia, el Sipri señala que los arsenales nucleares de los demás países son relativamente pequeños, aunque todos ellos están desarrollando o desplegando nuevos sistemas de lanzamiento.
En el caso de China esto implica un leve incremento en el tamaño de su arsenal nuclear, mientras que India y Pakistán están expandiendo su capacidad de producción de estas armas, así como el desarrollo de nuevos sistemas de lanzamiento de misiles, según el informe.
Al parecer, Corea del Norte estaría avanzando en su programa nuclear militar, pero su progreso técnico es difícil de evaluar basado en fuentes públicas, según el Anuario.
El último informe del Sipri se conoce tras el fracaso de la última conferencia de examen del TNP, realizada  en Nueva York en mayo.
Tariq Rauf, director del programa de Desarme del Sipri, expresó su decepción por el fracaso de la conferencia, donde 161 Estados participaron “con poco para mostrar por sus esfuerzos.”
Estados Unidos, con el apoyo de Canadá y Gran Bretaña, impidió el consenso sobre el documento definitivo, aseguró.
“El motivo fue que se oponen firmemente a presionar a Israel para que asista a una conferencia internacional en marzo de 2016 para prohibir las armas nucleares, biológicas, químicas y misiles balísticos en la región de Medio Oriente”, explicó Rauf.
Israel es el único país de Medio Oriente que no se adhirió al TNP, añadió.
Entre los temas que trató la conferencia se incluye el impacto humanitario de las armas nucleares, una iniciativa apoyada por 159 Estados no poseedores de armas nucleares basada en los resultados de las conferencias internacionales celebradas en Oslo (2013), Nayarit (2014) y Viena (2014).
Entonces se argumentó que ningún Estado, organización de ayuda internacional ni otra entidad tiene la capacidad para lidiar con la situación humanitaria, ambiental, alimentaria y las consecuencias socioeconómicas de una detonación de armas nucleares.
Estos Estados solicitaron la prohibición jurídicamente vinculante de las armas nucleares, como sucede con las armas biológicas y químicas.
Los cinco Estados poseedores de armas nucleares declarados (China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia), que también tienen facultad de veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, rechazaron esas demandas e insistieron en que las armas nucleares no corren riesgo de detonación accidental o intencional.
“Por lo tanto, se perdió la oportunidad para presionar por un Medio Oriente más seguro sin armas de destrucción masiva, y para los pasos que conduzcan a la eliminación mundial de las armas nucleares, por lo menos hasta la próxima quinquenal Conferencia de Examen del TNP en 2020″, añadió Rauf.
Los peligros de las armas nucleares afectan a todos en este planeta, dijo Rauf, quien fuera un alto funcionario del Organismo Internacional de Energía Atómica hasta 2012.
En la reciente conferencia de examen del TNP, 107 Estados no poseedores de armas nucleares  firmaron un compromiso humanitario, presentado por Austria, por el cual se comprometen a prohibir las armas nucleares, con o sin el apoyo de los países poseedores.
Se espera que las negociaciones comiencen después de agosto de este año, cuando se cumpla el 70 aniversario de las bombas que Estados Unidos arrojó sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, en 1945.

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viernes, 21 de octubre de 2016

Los ejércitos más potentes del mundo 2015


El sitio web Global Firepower presentó una lista de naciones según su potencia militar. Los autores utilizan el denominado 'Global Firepower Index' ('índice global de potencia de fuego'), que se elabora considerando distintos datos sobre los Ejércitos de diferentes países.
 
La lista tiene en cuenta factores geográficos e industriales y penaliza los países con salida al mar que carecen de flota, pero no mide la capacidad nuclear. En general, es una lista más cuantitativa que cualitativa. 

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viernes, 14 de octubre de 2016

Ranking de Passports Index 2016

Para la Policía Española el pasaporte ordinario español es un documento público, personal, individual e intransferible, expedido por los órganos competentes de la Administración General del Estado, que acredita, fuera de España, la identidad y nacionalidad de los ciudadanos españoles salvo prueba en contrario, y, dentro del territorio nacional, las mismas circunstancias de aquellos españoles no residentes. No nos damos cuenta de su importancia hasta que dejamos de tenerlo, o lo comparamos con el de otros países cuando nos disponemos a viajar fuera de España. Os dejo este artículo publicado por Estela S. Mazo en Expansión, además de un gráfico elaborado por César Galera


El pasaporte español ya es el segundo más poderoso del mundo

El librillo granate que le acompaña irremediablemente en sus viajes es un bien cada vez más preciado.

El pasaporte español ha escalado posiciones en la lista Passport Index, que reúne información acerca del "poder" de estos documentos en 200 países del mundo para elaborar un ranking con los mejores para viajar. La clasificación, elaborada por Arton Capital, valora cada potencia en función del número de lugares a los que es posible viajar sin necesidad de un visado.

Hace un año, los líderes eran Reino Unido y EEUU, que ahora descienden en el ránking. 

España, que figuraba el año pasado como sexta en el ranking junto a Noruega, Portugal, Irlanda y Bélgica, escala este año hasta la segunda posición de los pasaportes más poderosos. 

Le acompañan en este puesto Finlandia, Francia, Suiza y Reino Unido (que en 2015 era líder junto a EEUU), conformando así el grupo de países en los que un ciudadano puede desplazarse sin restricciones a un total de 157 países, lo que supone una ventaja en términos de facilidad y coste. Sólo les ganan Alemania y Suecia, que ocupan el primer lugar con una cifra de 158.

El tercer puesto corresponde a Dinamarca, Italia, Holanda, Bélgica, Corea del Sur y Noruega, con libertad para viajar por 156 países. Les siguen Singapur, Luxemburgo, Austria, Portugal y Estados Unidos (155). Y completan el top fiveGrecia, Irlanda y Japón (154).

A la cola. En el otro lado de la balanza, Afganistán ocupa el último lugar del ránking, pues sólo tiene libertad para viajar por otros 24 países. Le acompañan Pakistan (27 países), Iraq (con 29) y Somalia (31).




viernes, 7 de octubre de 2016

El mundo en Europa


Europa ha vivido retos constantes desde su fundación como CEE en 1958. Reconstruir Europa tras la 2ª Guerra Mundial fue el primero, pero desde entonces hemos vivido 57 años de paz, cierta estabilidad y prosperidad. Es cierto que la crisis económica ha condicionado los últimos 10 años y que vivimos una guerra dentro de las fronteras europeas, pero podemos concluir que en Europa existe un espacio de convivencia, gobernanza democrática y respeto a los derechos humanos. La unión económica ha intentado convertirse en unión política, pero no se ha conseguido aún. Es más, la influencia de la UE disminuye en estos días, coincidiendo con la crisis de los refugiados que ha puesto negro sobre blanco que la Unión no habla con una sola voz, sino con 28, y que el actor global que debería ser consiente una crisis fronteriza sin precedentes que genera inestabilidad e inseguridad. ¿Cómo actúa la UE en su faceta de actor global sobre las diferentes dinámicas mundiales que le rodean? Siguiendo el guión que nos muestra el monográfico El Mundo en Europa, editado por el CIDOB[1] en mayo de 2015, coincidiendo con el Día de Europa[2], fronteras, terrorismo, soberanía nacional, refugiados y asilo, multipolaridad, gobernanza económica y política, las armas de destrucción masiva, la energía, el cambio climático y los valores de la UE son algunas de estas dinámicas mundiales sobre las que se espera encontrar a la Unión.

Rusia y China, junto al resto de los países BRICS[3], suponen una nueva manera de entender la geopolítica y la geoestrategia. Mientras que Rusia parece haber heredado las formas de la extinta URSS en cuanto a su forma de relacionarse con el resto del Mundo, China ha explotado un modelo económico creciente que ha colonizado el orbe. Ambos países, que rivalizan estratégicamente con la UE, han hecho de la multipolaridad el común denominador de nuestros días. Rusia defendiendo un área geopolítica proclive a sus interese que ha motivado la crisis ucraniana, con la anexión de Crimea,  y que ha derivado en sanciones muy importantes de la UE y EE.UU; Rusia por su parte ha vetado diferentes productos de la UE. China expandiendo su potencial económico hacia estados que tradicionalmente acordaban o se asociaban con la UE pero que no exigen la puesta en marcha de los valores propios de Occidente. La UE, mientras tanto, debate si continuar con las sanciones, ya que no existe consenso en los 28 al respecto. Y los países del entorno, que conocen esta dificultad en cuanto la PESC de la UE, se aprovechan de ella.

El terrorismo yihadista y la insurgencia también exigen firmeza en cuanto a las políticas se refiere. Y la UE tiene en la fronteras Sur y Este un grave problema de crisis humanitaria provocada por estas causas. Hoy yihadismo e insurgencia significan también inestabilidad, estados fallidos y crimen organizado; tráfico de armas, drogas y de personas cuestionan una y otra vez la ausencia de una política exterior común, de seguridad y defensa. Por el contrario, determinados intereses en la zona, de Francia o Italia, condicionan la acción exterior de la UE. Sabemos que la insurgencia del DAESH se financia, entre otros métodos,  con droga que llega del otro lado del Atlántico;  Marruecos y Argelia siguen enfrentados por la cuestión saharaui; Libia continua teniendo dos gobiernos estables y reconocidos y el Sahel es campo de entrenamiento de buena parte de los grupos terroristas que operan en el mundo. En este asunto no basta con una política de seguridad común, que no existe, sino una intervención regional que se ha visto lastrada con la incorporación de nuevos actores regionales como China, que ha firmado acuerdos y comprado o condonado deuda en 8 países africanos[4], además de haber llegado a importantes convenios con los países africanos productores de petróleo[5] (China es el gran país importador de energía mundial) a cambio de no interferir en sus disputas regionales. La UE pierde protagonismo, también, en esta zona. En cuanto a la prevención de llegada de europeos al DAESH, los conflictos turco-kurdos en la frontera con Siria han posibilitado nuevos fracasos. Se calcula que han sido 6.000 los europeos que se han enrolado en el DAESH o Al-Nusra[6]. Una vez más los intereses particulares de los estados miembros de la UE han provocado no hablar desde una única voz, sino que son las estrategias unilaterales de seguridad las que se aplican. 

La UE ha dejado de prevenir (y reprimir) estos conflictos, y la zona MENA[7] se ha convertido en un auténtico problema para la UE y para el mundo, ya que se es la zona más radicalizada, más pobre y con serios problemas de gobernanza democrática. Siria e Irak, o lo que es lo mismo, DAESH contra Al-Nusra, o Suníes contra Chiíes, representan la otra cara de la moneda[8]. Insurgentes y terroristas hacen suya Siria, dejándola a punto de convertirse en estado fallido,  y provocan la mayor hégira de personas desde la segunda guerra mundial. Este conflicto, el sirio, ha provocado que más de 626.000 personas soliciten asilo político en la UE. Mientras que la UE vende democracia y respeto a los derechos humanos por el mundo, hasta ahora ha sido incapaz de responder con una única voz a este dramático acontecimiento provocado por la guerra, donde uno de cada cuatro refugiados es un menor de edad. La UE aprobó diferentes resoluciones sobre el asilo pero ningún país miembro lo ha traspuesto a su normativa. Este asunto ha provocado una pérdida de credibilidad de la UE ante el mundo. Así la UE, que ha estado de perfil en esta crisis, se ha visto obligada a actuar por el avance del DAESH hacia la frontera turca. Pero mientras unos pocos países han participado en la campaña militar liderada por EE.UU[9], otros se han limitado a suministrar armas y entrenamiento a las fuerzas peshmerga kurdos. España, por ejemplo, ha hecho lo propio con el suministro de armas y entrenamiento a los iraquíes. Una vez más vemos cómo la UE no actúa con una sola voz y sufre, como nadie, las consecuencias de unos terribles atentados contra la población civil en España, Reino Unido, Francia o Bélgica.

Hasta ahora la UE era considerada un gigante económico. El mercado y la moneda única fueron un éxito sin precedente. Pero también han surgido competidores y los BRICS, encabezados por China, han creado el denominado Banco de Desarrollo[10] con 100.000 millones como fondo de reserva, y que se ha convertido en una alternativa al Fondo Monetario Internacional. Los rescates a Grecia, Irlanda, Portugal y España por parte de la UE han provocado un airado debate en el seno de la Unión sobre la conveniencia de seguir perteneciendo al club de los 28 (Reino Unido, Austria y República Checa, sobre todo). Incluso en el terreno económico, que todo el mundo reconoce como muy positivo, la UE hace aguas y hace vulnerable a una región que necesita, ante todo, de energía, ya que, al menos, 14 estados dependen de la energía generada en Asia y África. Éste se convierte en asunto de primer nivel ya que la seguridad en la zona MENA u Oriente Próximo significa tranquilidad energética para la mitad de los europeos. Pero cuando hablamos de seguridad no lo hacemos exclusivamente desde el punto de vista de la conflictividad militar, sino que hablamos, también,  de la seguridad energética, sanitaria y alimentaria, que pueden verse agravadas por los efectos del Cambio Climático. En tanto en cuanto que la UE provee de instrumentos para paliar sus efectos o revertirlos, la meta de conseguir que el calentamiento global no llegue a los 2º centígrados con respecto de la era preindustrial es vital, sobre todo en los países que dependen de los combustibles fósiles. Después de los históricos acuerdos de la COP-21[11] de París, la UE debe seguir jugando un papel dinamizador, preventivo y vigilante de los mismos. Hoy tenemos acuerdo, máximo histórico de países firmantes, financiación para los estados menos desarrollados, pero nos faltan instrumentos independientes con capacidad de sanción para vigilar que el acuerdo se cumpla.

Europa no tiene estrategia de seguridad común, ya que ésta es la suma de las 28 estrategias nacionales. Tampoco de defensa ni de política exterior. El gran reto europeo en este siglo es convertir a la UE en una unión política efectiva, como ya lo es en la economía. Si no es así la UE perderá poder en el nuevo orden multilateral regional que gobierna, de facto, la geoestrategia internacional. 





[1] El Mundo en Europa. Varios autores coordinados por Pol Morillas. CIDOB. Colección Monografías. Barcelona 2015.
[2] Se celebra cada 9 de mayo conmemorando el célebre discurso del ministro de Asuntos Exteriores francés Robert Schumann.
[3] Brasil, India y Sudáfrica.
[4] La polémica por la ayuda exterior de China y sus efectos sobre África. http://blog.africavive.es/2015/10/ayuda-exterior-china-efectos-africa/
[5] Sudán, Angola, Chad y Nigeria.
[6] Ibídem nota 1. Moussa Bourekba. Prevenir el extremismo violento.
[7] Acrónimo de Middle East and North Africa.
[8] No quisiera dejar pasar esta oportunidad para denunciar el genocidio que los insurgentes del DAESH están cometiendo contra los integrantes (sobre todo mujeres) del credo yazidí.
[9] Reino Unido, Francia, Holanda, Bélgica y Dinamarca. Ibídem nota 1. Eckart Woertz. Estabilizar Siria e Irak.
[11] La Cumbre de París cierra un acuerdo histórico contra el Cambio Climático http://internacional.elpais.com/internacional/2015/12/12/actualidad/1449910910_209267.html

viernes, 30 de septiembre de 2016

Los retos internacionales de España en 2016




Como ocurre en las demás cuestiones de la agenda política para 2016, la gestión de los asuntos exteriores vendrá lógicamente muy marcada por el arranque de una nueva legislatura en la que se alterarán los tradicionales equilibrios del sistema político español y el Gobierno dejará de descansar sobre un único partido con mayoría absoluta. 

Son muchas las oportunidades e incertidumbres que genera esa transformación hacia un modelo multipartidista; de modo que en este momento no sólo desconocemos el color político del futuro presidente sino también su fortaleza institucional y hasta si compartirá partido con todos sus ministros. Sin embargo, a diferencia de otros ámbitos más domésticos cuyos desarrollos puede variar mucho dependiendo del desenlace electoral y del gobierno resultante (tales como la cuestión territorial, la regeneración institucional, el mercado de trabajo, la educación, el gasto social o las nuevas reformas estructurales), no parece que el curso futuro de la acción diplomática española vaya a verse muy afectada. 

Pero, aún por encima de este relativo clima de acuerdo, resulta más importante el segundo motivo que lleva a que las próximas elecciones sean a priori menos trascendentales para los temas internacionales que para los que tienen una naturaleza más interna. Y es que son precisamente los asuntos exteriores los que, por su propia naturaleza, tienen menos posibilidades de ser controlados, o ni siquiera influidos, por una potencia media como es España. Por supuesto, no debe despreciarse cierta capacidad que tiene el país para moldear la política mundial desde, por ejemplo, su asiento en el Consejo de Seguridad (que mantendrá hasta final de 2016), su participación en el G20, su estatus de quinto estado miembro de la UE, su presencia activa en el espacio mediterráneo e iberoamericano, y la proyección que le dan sus empresas y ciudadanos cada vez más conectados con la globalización. Pero, eso no puede llevar a la pretensión (que resultaría también audaz en las tres grandes potencias europeas e incluso en las mundiales como China o EEUU) de que se puede aspirar a gestionar los desafíos globales desde una capital nacional. De hecho, en la coyuntura del tránsito de 2015 a 2016 destacan varios asuntos (la respuesta al terrorismo yihadista, la crisis de refugiados o la lucha contra el cambio climático) donde se pone de manifiesto con crudeza la pequeñez de los Estados individuales y la necesidad de dar respuestas multilaterales. 

La capacidad de España de contribuir con ciertas dosis de ambición a la gobernanza que se está conformando en esos temas es seguramente el principal desafío inmediato.Dos son los motivos que explican esa aparente estabilidad. En primer lugar, la sintonía existente entre PP, PSOE y Ciudadanos en las cuestiones internacionales claves, que viene a confirmar la tendencia de consenso (¿o es más bien desinterés?) que ha caracterizado este gran ámbito de política pública durante todo el periodo democrático, salvo en momentos excepcionales como fueron la adhesión y referéndum sobre la OTAN o la intervención y retirada de Irak. Se trata de una pauta de concordia que se desvía de los vaivenes programáticos y el estilo de confrontación que ha sido en cambio habitual en otros muchos temas internos. Lo cierto es que en los últimos años, al margen de matices o divergencias procedimentales, no es fácil identificar auténticos disensos en política internacional y europea. Por seguir con los tres partidos antes mencionados -que son los que encabezan todas las encuestas- es significativo que hayan votado exactamente igual en el Parlamento Europeo en dossieres tan controvertidos como la finalización de la Unión Económica y Política en la Eurozona, la negociación del TTIP con EEUU, las cuotas de refugiados, la solidaridad con Ucrania frente a la agresión rusa o la regulación del Registro de Nombre de Pasajero (PNR). Es cierto que Podemos no comparte este consenso, y apenas se ha alineado con los otros tres en temas muy concretos como, por ejemplo, el apoyo al reconocimiento del Estado Palestino. Sin embargo, es difícil que el partido de Pablo Iglesias pueda condicionar de manera efectiva la política exterior y de seguridad; e incluso si lo hiciere, ha moderado sus posiciones más radicales en cuestiones como el euro, la OTAN o las supuestas simpatías hacia regímenes hostiles a los países occidentales.

Otras regiones de interés central para España vivirán también un año clave: nuestra gran vecindad sur (Magreb, Oriente Medio y Sahel) seguirá acumulando riesgos, y en muy menor medida alguna oportunidad de avance para los derechos humanos. Entre los retos principales pueden mencionarse cuestiones tan sensibles como la radicalización, los flujos migratorios, el abastecimiento energético o los trágicos conflictos abiertos de Libia y, sobre todo, Siria. Por lo que se refiere al otro lado del Atlántico, está claro que España deberá estar atenta al ciclo de cambios políticos que se dará tanto en América Latina (marcada por la rápida transformación del mermado bloque bolivariano) como en EEUU que elegirá nuevo Presidente o Presidenta en noviembre.Luego, por supuesto, existen otras cuestiones relevantes que también merecerán la atención en 2016. Dentro del ámbito europeo destaca el nuevo documento estratégico que presentará en verano la Alta Representante y que España debe intentar moldear de acuerdo a sus valores e intereses o, más en la esfera de la propia integración, ayudar a que las divisiones entre los socios se reduzcan (como podría ser el caso en el eje deudores-acreedores) y no se amplíen (lo que está sucediendo con el auge de los sentimientos euroescépticos en los miembros más orientales pero también en Francia o el Reino Unido, que pretende renegociar los términos de su pertenencia y podría optar por la salida en un referéndum a celebrar próximamente).

Sin embargo, y pese a lo dicho sobre la relativa incapacidad de España para actuar frente a los grandes desafíos internacionales de 2016, sí que existe margen para mejorar netamente la posición del país dentro de Europa y el mundo. Se trata de aprovechar la nueva etapa para tomarse más en serio la conexión del proyecto nacional con el mundo exterior a través de una amplia panoplia de políticas no estrictamente diplomáticas. Por poner algunos ejemplos, sería un enorme paso adelante que el futuro Gobierno tomase como prioridades la internacionalización del talento (cultura, educación, universidades, sistema tecnológico), la mayor inserción de las empresas españolas en las cadenas de valor global a través del fomento de las exportaciones y la inversión extranjera, la apuesta por una auténtica política de cooperación al desarrollo y de generación de bienes públicos globales, o la mejor vinculación entre los aspectos internos y externos de la seguridad (terrorismo o crimen organizado pero también ciberseguridad, suministro energético e incluso estabilidad financiera). En el fondo, el gran desafío internacional para España está dentro de nuestras fronteras. No es quizá tan inmediato como para merecer titulares de prensa y resulta independiente de quien gane las elecciones: consiste en levantar la vista desde nuestras preocupaciones a menudo tan provincianas y mirar más allá.


Artículo escrito por Ignacio Molina. Para verlo en la web del Instituto Elcano, pinchar aquí