viernes, 25 de septiembre de 2015

Seguridad y Cambio Climático en el Mediterráneo (y 2)

Los efectos del cambio climático son reales, tangibles,  y sus consecuencias se reflejan en las actitudes de los pobladores de los diferentes territorios de las orillas norte y sur del Mediterráneo. Incardinadas unas con otras, las amenazas se convierten en globales aunque actúen, inicialmente, de manera aislada. Sólo la convergencia de las políticas adecuadas retrasará los efectos del cambio climático, teniendo claro que llegarán y que serán definitivos. Por ello, tan solo desde un punto de vista integral podrán atemperarse, siendo la seguridad preventiva y sostenible las únicas que pueden paliar esta admonición de carácter global, al intercalar políticas de desarrollo, de diálogo entre los pueblos y de defensa como pilar básico del mantenimiento del respeto a las leyes,  los derechos humanos y el bienestar de las personas que conforman una determinada colectividad.  

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En cuanto a la seguridad energética[1], podemos afirmar que es un asunto de prioridad especial para la orilla norte del mediterráneo, teniendo en cuenta la dependencia que la UE tiene de los recursos naturales de la orilla sur, es decir, del norte de África y Oriente Medio. De hecho, la energía es una prioridad en las relaciones euro mediterráneas desde hace mucho tiempo[2]. Por ello, cualquier factor desestabilizante en la producción de petróleo o gas y su distribución a los países mediterráneos de la UE, es motivo de atención preferente por las autoridades comunitarias, y el cambio climático está acelerando la necesidad de energía, sobre todo en la región sur mediterránea. Se trata, por tanto, de reforzar y mejorar, mediante nuevos sistemas, la seguridad energética de la región mediterránea. Por supuesto, la UE también, ya que se observa una tendencia general en el panorama energético del norte de África caracterizado por un aumento del consumo interno y un estancamiento en la producción de energía, sobre todo a partir de las diferentes “primaveras árabes”[3]. No en vano, la región MENA[4] acumula el 60% de las reservas conocidas de petróleo del mundo y el 45% de las reservas mundiales de gas, así como el control de las principales vías de exportación del mundo (estrecho de Ormuz, estrecho de Bab el-Mandeb y el Canal de Suez), representando una parte muy importante de la seguridad energética del mundo[5]. Resumiendo, mientras Argelia, Libia y Egipto son importantes proveedores de energía, Túnez y Marruecos son más importantes en cuanto al tránsito de dicha energía, sobre todo a través de gasoductos que conectan las orillas sur y norte del mediterráneo. 

Sabemos que la UE es responsable del 24% de las emisiones totales de los gases de efecto invernadero. Quizá por ello se esfuerza en aplicar políticas de lucha activa contra el cambio climático. Pero, ¿en qué medida afecta a la seguridad energética en la región mediterránea? En todo. El cambio climático afecta a la seguridad de los países, de toda la región y a la UE como estructura geopolítica supranacional. Los riesgos no son sólo ambientales, sino que incluyen otros de naturaleza humanitaria, política, geoestratégica y económica. La amenaza, por tanto, es global. Ya hemos hablado de los efectos sobre la seguridad alimentaria. Pero en este caso nos referimos, ante todo, al acceso a los recursos energéticos y su control. Ciudades más pobladas (superpobladas), temperaturas elevadas en, al menos, 2ºC y falta de recursos hídricos convierten en política estructural a la seguridad energética. En la medida que se utilizarán más recursos energéticos y en mayor cantidad, éstos se encarecerán, sobre todo los combustibles fósiles[6], radicados en su mayoría en el norte de África y Oriente Medio, a través del anillo energético mediterráneo y el corredor de gas en el sur, incluido el transporte del gas licuado[7]. La presión migratoria hacia las fronteras de los países occidentales desde el Magreb y los conflictos que se puedan generar por el control de estos recursos añaden argumentos a la necesidad de una política de seguridad energética que evite la fragilidad de los estados y su conversión en estados fallidos, la radicalización política como argumento para el expolio de los recursos naturales y suministros de energía, y la amenaza de las infraestructuras vitales debido a los movimientos migratorios masivos. Como ejemplo, podemos observar cómo la falta de agua no sólo impedirá el desarrollo de la agricultura, provocando escasez de alimentos y generando hambrunas, sino que, tal y como ocurre en algunos países del norte de África, la ausencia del líquido vital impedirá la fabricación de cierto tipo de energía necesaria para la industria y el desarrollo de los habitantes de la orilla sur mediterránea. Tal y como dijimos antes, un cambio radical en la generación de energía, absolutamente necesario, podría dar al traste con las economías de algunos países del norte de África (Marruecos o Argelia) al no depender de los combustibles fósiles. Este es otro escenario a tener en cuenta. 

Sin embargo, a día de hoy, las sociedades siguen ignorando, que no desconociendo, que existe un riesgo real para la seguridad humana derivado del cambio climático. A pesar de los datos existentes, que son muchos y muy reveladores tal y como hemos expuesto, la falta de percepción real del peligro inminente impide la aplicación de políticas más agresivas contra el cambio climático y sus efectos. Si bien la UE lleva varios años aplicando la política del 20-20-20[8], entre otras, ésta no ha conseguido trasladar medidas contundentes para la región mediterránea, tanto en el Magreb como en el Masreq; tampoco para el Sáhara y el Sahel. Así lo ambiental se convierte en amenaza y se enumeran los riesgos que para el ser humano tiene el tratamiento no adecuado de esta consecuencia de la acción humana. 

No existiendo una relación expresa entre la seguridad nacional y los asuntos ambientales, ¿qué tipo de seguridad debemos aplicar para paliar los efectos del cambio climático en los territorios y las personas que los habitan? Tratándose de un problema global, de trascendencia mundial, han de aplicarse diferentes conceptos, siendo los principales, desde mi punto de vista, la seguridad preventiva y la seguridad sostenible, que son conceptos aglutinadores. Partiendo del hecho de que, hoy día, ningún estado o grupo de estados, de manera aislada, puede afrontar los problemas actuales derivados de la seguridad, incluyendo la alimentaria y la energética, también estamos hablando de seguridad cooperativa, en tanto en cuanto que ésta fomenta la participación de actores no estatales y organizaciones no gubernamentales en la solución del problema, que solo puede obtenerse si se conciertan acciones desde lo diplomático, militar, económico, político y civil. Pero avanzando más, con el fin de concretar al máximo los conceptos que nos permitan encarar y superar los problemas derivados del cambio climático, debemos tener en cuenta un enfoque multidisciplinar, que supere los conceptos tradicionales y defina los marcos de actuación desde todos los puntos de vista posibles. Así aparece el concepto de la denominada seguridad sostenible (está definida en la nota 4 de la página 1). Desarrollo, Defensa y Diplomacia (las denominadas 3D) se convierten en las garantías de los derechos de los habitantes del planeta, quizá para defenderse de sí mismos y sus acciones. Este concepto de seguridad está basado en lo establecido por Joseph Nye en sus libros Bound to lead: the changing nature of american power[9] y Soft power: The means to success in world politics[10]. Según la teoría de Nye, existirían dos tipos de poderes traducidos como el blando y el duro. El Soft power (poder blando) se aplica cuando se pretende utilizar elementos de naturaleza persuasiva para alcanzar objetivos políticos vinculantes; el Hard power, o poder duro, se aplica cuando solo sirven las medidas de carácter coercitivo desde un concepto militar[11] del control de la seguridad. Desde la utilidad de ambas surge la seguridad sostenible como ejercicio de eclecticismo, como forma de reconciliar estas dos visiones tan necesarias como antagónicas. De esta forma Defensa, Desarrollo y Diplomacia se convierten en un poder inteligente para conseguir una seguridad global. Por lo tanto, el cambio climático y sus efectos, sobre todo los concernientes a la seguridad alimentaria y energética, deben formar parte de una estrategia de seguridad nacional perfectamente incardinada en unos objetivos globales compartidos por el máximo de estados. Tal y como señala Elena Conde Pérez[12] “(...) en el continente africano se da la paradoja (...) en función de la cual, pese a ser el continente menos responsable en términos antropogénicos en el fenómeno del cambio climático, los efectos del mismo serán devastadores (...)”. Su dependencia de los recursos naturales, las frágiles estructuras gubernamentales y los efectos del cambio climático son un riesgo para la seguridad de naciones, regiones, continentes y la estabilidad mundial. Ante estos desafíos sólo es posible intervenir desde la prevención, la anticipación y la colaboración internacional, actuando allí donde surgen los problemas de manera prioritaria y como única forma de evitar los efectos derivados de los problemas medioambientales generados por el hombre y que conforman el calentamiento global. Sólo así es entendible la aplicación de conceptos de seguridad sostenible, seguridad global y seguridad preventiva, en los términos que hemos expuesto anteriormente. Con este planteamiento, una migración masiva, en países magrebíes por ejemplo, donde la presión migratoria sobre las fronteras es ya destacable, provocaría el caos organizativo y de gestión de un estado, seguramente ya de por sí débil, y con un control relativo de las fuerzas de seguridad estatales; desabastecimiento, posibilidad de epidemias ante un sistema sanitario inadecuado e ineficaz llevaría al surgimiento de conflictos que podrían verse agravados por problemas étnicos o religiosos latentes. La apropiación de los recursos naturales, de la energía, ante el temor de verse privado de ella, desencadenaría, sin duda, el clima necesario para una guerra civil que, dado su carácter político, podría afectar a toda la región y, por ende, a la frontera sur de la UE, que sería aprovechada por las redes internacionales del crimen organizado y que incrementaría exponencialmente los riesgos y las amenazas. Es ahí donde se necesitan todas las dotes diplomáticas posibles para la solución del problema, con programas de mantenimiento de la paz en caso de conflicto, y con programas de cooperación y desarrollo desde las zonas más prósperas para superar las crisis y las emergencias derivadas de los disturbios que se generarían por los efectos del cambio climático antes expuestos, siendo un potenciador de los riesgos y amenazas existentes[13]

Junto a la aplicación de una seguridad global, sostenible y cooperativa, es necesario transformar, como estrategia diplomática y de desarrollo el modelo productivo actual, así como los hábitos de consumo en lo que respecta a la energía y a la alimentación. La apuesta por las energías renovables parece una solución clara en una región donde la desertificación se expande por la ausencia de precipitaciones y donde las horas de sol, por ende, serán mayores; está demostrado que energías como la solar o eólica sirven muy bien para el funcionamiento de determinadas infraestructuras. También sería aconsejable una unidad de actuación en la zona, tanto en el Magreb como en el Masreq o en todo el norte de África. Esta unidad de actuación sería adecuada para multitud de programas que deben ponerse en marcha en la región, pero ante este tipo de amenazas tendría que venir de la mano de una verdadera unidad política, aunque sólo fuera sustentada por un gran consenso económico, como ocurre en la UE[14] en la actualidad, aprovechando las actuales estructuras geopolíticas existentes[15]. Se deberían solucionar antes los problemas actuales que atraviesan. 

Trabajar en ello en el horizonte es no perder de vista este concepto: Desarrollo sostenible: “Desarrollo que cubre las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de generaciones futuras de cubrir sus necesidades”. Toda una declaración de intenciones. 




[1] Disponibilidad de un abastecimiento fiable de energía a precios asequibles. 


[2] La energía en la región Euro-Mediterránea. Speech/09/103. Comisaría europea de Relaciones Exteriores y Política de Vecindad. Marzo 2009. 


[3] La Geopolítica de la energía en la región mediterránea. IEEE. CESEDEN. 


[4] 'Middle East & North Africa': acrónimo utilizado en el mundo anglosajón, para referirse a la región de Oriente Medio y el Norte de África


[5] La Geopolítica de la energía en la región mediterránea. Introducción a la geopolítica y la geoeconomía de la energía en el Mediterráneo. IEEE. CESEDEN. 


[6] Fundamentalmente petróleo, gas y carbón. 


[7] Irán, Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Nigeria y Argelia, en lo que al Norte de África y Oriente Medio se refiere. 


[8] 20% de energías renovables, 20% de ahorro energético y 20% de reducción de emisiones de CO2 para 2020. 








[11] Documento marco 05/2011. La evolución del concepto de seguridad. Dirección General de relaciones institucionales. Instituto Español de Estudios Estratégicos. Ministerio de Defensa. 2011. 


[12] El cambio climático y los riesgos asociados al hábitat mediterráneo y al hemisferio norte africano. Documento de opinión 69/2012. IEES. 


[13] Recordamos que éstos son, entre otros, el aumento de refugiados climáticos motivado por la escasez de recursos y que agravará la pobreza, y el incremento de la fragilidad de algunos estados convirtiéndose en una amenaza para la seguridad global. 


[14] “La UE es un gigante económico y un enano estratégico” Cristoph Bertram, Director de la fundación Ciencia y Política. http://elpais.com/diario/2003/08/10/domingo/1060487556_850215.html




[15] Unión del Magreb Árabe, CEDEAO o Liga Árabe, entre otras.

viernes, 18 de septiembre de 2015

Seguridad y Cambio Climático en el Mediterráneo (1)

Seguridad y cambio climático en el Mediterráneo[1].

Los efectos del cambio climático son reales, tangibles, y sus consecuencias se reflejan en las actitudes de los pobladores de los diferentes territorios de las orillas norte y sur del Mediterráneo. Incardinadas unas con otras, las amenazas se convierten en globales aunque actúen, inicialmente, de manera aislada. Sólo la convergencia de las políticas adecuadas retrasará los efectos del cambio climático, teniendo claro que llegarán y que serán definitivos. Por ello, tan solo desde un punto de vista integral podrán atemperarse, siendo la seguridad preventiva y sostenible las únicas que pueden paliar esta admonición de carácter global, al intercalar políticas de desarrollo, de diálogo entre los pueblos y de defensa como pilar básico del mantenimiento del respeto a las leyes, los derechos humanos y el bienestar de las personas que conforman una determinada colectividad.

Si la amenaza terrorista está condicionando el modo de vida, la convivencia, las relaciones políticas, económicas y culturales en el mundo en general y en el mediterráneo en particular, el deterioro medioambiental y el cambio climático son factores muy determinantes en cuanto a la forma de vivir y a las amenazas a la seguridad en la zona. Juan Carlos Pérez Guerrero[2] afirma que “(...) las actividades humanas que rodean los mares cerrados produce siempre a largo plazo un fuerte impacto medioambiental en forma de degradación costera y marina (...)”. Si a esto le unimos los conflictos relacionados con el acceso al agua y la energía, el aumento del nivel del mar por el deshielo del Ártico, la eterna preparación, por parte de algunos[3], para una “próxima” guerra nuclear y la falta de alimentos, completamos todo un elenco de posibles situaciones que necesitan de la seguridad para su prevención y erradicación, en su caso. Y cuando hablamos de seguridad no nos referimos exclusivamente a un concepto cooperativo o colectivo que actúe desde lo militar o policial en un mundo polarizado, hablamos también de la seguridad humana[4] y de seguridad sostenible[5], sobre todo de este último. Así, cuando hablamos de las amenazas que el cambio climático puede traer, nos referimos a la deforestación, la desertización, deterioro de la capa de ozono, contaminación en general, disponibilidad de agua[6], problemas energéticos derivados de la explotación (y expolio) de los recursos naturales, el crecimiento incontrolado de la población[7], los problemas alimentarios[8], la pobreza y falta de espacios cultivables, así como los problemas económicos de y entre la población. ¿Cuánto costaría la adaptación de los estados para soportar una subida de temperatura global en 2º o más? ¿Qué inversión, pública o privada, hace falta para que dejemos de ser petróleo-dependientes y empezar a dotarnos de suministros procedentes de energías alternativas?[9] De todos ellos, aunque incardinados unos con otros, nos ocuparemos de los factores que determinan la seguridad alimentaria y la seguridad energética y cómo hacerlos frente en un contexto cada vez más hostil para la raza humana.

¿Qué nos hace pensar que en realidad existe el llamado cambio climático? Todavía hay quienes dudan de ello a pesar de ciertos datos verdaderamente reveladores: la atmósfera y los océanos se han calentado (0,85ºC de media en los últimos 130 años y 0,1ºC por década en los últimos 40 años), las extensiones de nieve y hielo han disminuido (Groenlandia y la Antártida sobre todo), el nivel del mar ha subido (0,19 metros en los últimos 100 años, siendo de 3.2 mm/año los últimos 17) y las concentraciones de gases de efecto invernadero han aumentado (las concentraciones de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso[10] han aumentado desde 1750, excediendo los niveles en 40%, 150% y 20% respectivamente)[11]. Todos los científicos apuntan que la influencia humana sobre el clima ha sido la causa dominante de los cambios acaecidos y descritos anteriormente[12]. Si continúa esta proyección, a finales del siglo XXI la temperatura global en la superficie de la tierra se habrá incrementado en 3,7ºC, los océanos se calentarán, todavía más los mares interiores como el Mediterráneo, disminuirá el hielo marino Ártico, quedando libre de hielo en el 2050, incrementándose el nivel del mar en una media de 0,62 metros. Para la región mediterránea se espera un incremento de temperatura superior a la media global, más pronunciada en los meses estivales, entre 3,8ºC y 6ºC en los meses invernales y estivales respectivamente; reducción de la precipitación anual, más acusada cuanto más al sur, reduciéndose drásticamente en los meses estivales y aumentando las precipitaciones de origen tormentoso; además en la región mediterránea y Oriente Medio se reducirán tanto el agua disponible como la humedad del suelo. 

Sin ninguna duda, el cambio climático es una realidad que se vive a través de una combinación de riesgos medioambientales naturales (inundaciones, sequías, vientos, incendios y precipitaciones irregulares) con otro tipo de amenazas asociadas a la densidad de población, a la situación sanitaria y educativa, al acceso a los alimentos y al agua, y al tipo de gobierno y sus acciones en el territorio. Según las estadísticas disponibles[13] entre 1999 y 2013 se han producido más de 2.300 desastres naturales en toda África, con 1.300.000 víctimas mortales y más de 450 millones de afectados. En este continente, dependiendo de la región, el deterioro medioambiental producido por el calentamiento global, ha acrecentado el impacto de diferentes conflictos, sobre todo los relacionados con la seguridad humana y las migraciones.

Nos ocuparemos ahora de señalar cuál es la incidencia del cambio climático en la seguridad alimentaria[14] de la región mediterránea[15]. Estos son: reducción de la productividad agrícola debido a las sequías persistentes y olas de calor en los meses agrícolas clave, así como inundaciones de las cuencas de los ríos por la mayor probabilidad de secuencias climatológicas extremas; la reducción de tierra cultivable producto del aumento del nivel del mar[16] y el consiguiente movimiento poblacional de la zona costera al interior estatal; el aumento de la temperatura media entre 1ºC y 6ºC; menor disponibilidad de agua potable producto de una reducción drástica (hasta un 30%) de las precipitaciones; hambrunas, malnutrición y enfermedades estacionales producto del calor; menor potencial hidroeléctrico por la ausencia de caudal hídrico; desertización y degradación del suelo. Estos pronósticos se agudizan, primero en el norte de África y, segundo, para las zonas cercanas al Sáhara y el Sahel, siendo ésta zonas más vulnerables que el resto de las regiones mundiales. Dos recursos básicos, por tanto, sufren de manera especial los rigores del cambio climático: agua y los productos de la tierra, la agricultura. 

El agua es un recurso básico e imprescindible para la vida, siendo sinónimo de ella. Cuidar su existencia es vital para la seguridad alimentaria en tanto en cuanto que es indispensable tanto para los hombres como para la producción agrícola; su escasez provocará, sin duda, conflictos armados derivados del control de las bolsas que existan en el territorio. Si sumamos todos los factores arriba indicados para la orilla sur mediterránea, los habitantes del Magreb, por ejemplo, tendrán que destinar el agua (insuficiente para la demanda en Marruecos[17]; insuficiente en Túnez[18]; abundante en el subsuelo del sur argelino[19]) existente para su consumo personal y para el desarrollo de los cultivos[20]. El aumento de la población se estima en 50 millones de personas para 2050, por lo que el Magreb y el Masreq sumarían 150 millones de habitantes[21]. Este panel de problemas se agudiza gracias a la reducción de la superficie para uso agrícola por efecto de la desertización, la minoración sustancial del número de cosechas, con mermas en los periodos de siega y disminución de la producción agrícola por la reducción drástica de precipitaciones o inundaciones de las zonas ribereñas, con el consiguiente aumento de los precios de los productos agrarios. Debemos recordar que los sistemas agrícolas de esta zona norteafricana descansan en métodos tradicionales, anticuados, y claramente ineficientes para el número de personas a las que se debe abastecer. No olvidemos que la mayor demanda de alimentos (y combustibles), consecuencia del aumento de población, incrementan la llamada huella ecológica[22] de los sistemas agrícolas, emitiendo mayor número de gases de efecto invernadero que inciden en el cambio climático. 

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[1] Estudio comparativo de la importancia y daños para la seguridad en el Mediterráneo del cambio climático, su incidencia en la seguridad alimentaria y en la seguridad energética. Conceptos de seguridad aplicables para hacer frente a este desafío. 


[2] “No sólo amenaza terrorista, sino también desafío medioambiental en el Mediterráneo”. Informe del grupo de alto nivel sobre amenazas, desafíos y el cambio climático. file:///C:/Documents%20and%20Settings/rgomezm/Mis%20documentos/Downloads/01.pdf


[3] Nube radioactiva desde Irán hacia el océano Índico e India, Birmania y Yemen; conflicto nuclear entre India y Pakistán. 


[4] Promovido por la ONU en 1994, este concepto engloba la economía, la alimentación, la sanidad, la gobernanza, el medio ambiente y la protección individual de las personas y las comunidades donde viven. 


[5] Concepto que aglutina la capacidad de proteger y defender (seguridad colectiva), el bienestar y la salvaguarda de las personas (seguridad humana) y la defensa de los intereses compartidos por el mundo (seguridad colectiva). Para el Center for American Progress (CAP) es la aplicación conjunta de la Defensa, la Diplomacia y el Desarrollo en beneficio de la colectividad. 


[6] Bajos niveles de precipitaciones, modificación de la intensidad y distribución de las precipitaciones, incremento de las inundaciones y aumento de las temperaturas, y desestabilización de los ciclos hidrológicos, entre otras consecuencias. 


[7] En África altos índices de natalidad y mortalidad, considerables problemas sanitarios provocados por un ineficaz e inexistente sistema público frente a plagas y epidemias, falta de medicamentos y escasa o nula atención primaria. 


[8] Muy escasa disponibilidad de alimentos en el Norte de África. 


[9] Antonio Marquina. Clase presencial IUGM-UNED 25 de Abril de 2015. Junto a esta reflexión se añadió el hecho de que en China o en Japón existan ya una clara apuesta por los coches eléctricos o de hidrógeno, lo que conlleva un cambio cultural de primera magnitud, al modificar la industria de la automoción por vehículos que no emiten contaminantes a la atmósfera. 


[10] CO2, CH4 y N2O, respectivamente. 


[11] Cambio climático: Bases físicas. Guía resumida. Fundación Biodiversidad. Oficina Española de cambio climático. Agencia estatal de Meteorología. Centro Nacional de Educación Ambiental. Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. 2013. 


[12] El Informe AR5 del Intergovernamental Panel of Climate Change (IPCC) realizado en 2014 sitúa en un 95% el nivel de certeza sobre la influencia humana en el cambio climático. 


[13] España mirando al sur: del mediterráneo al Sahel. Informe 18 del Real Instituto Elcano. Noviembre de 2014. Estudio coordinado por Félix Arteaga. 


[14] Disponibilidad física de los alimentos, y acceso económico a los mismos, así como la estabilidad en el tiempo de ambas. 


[15] Teniendo en cuenta los límites que David García y Rubén Herrero nos muestran en su artículo “Cambio Climático: Modelos e impacto en la seguridad alimentaria en el Mediterráneo” (UNISCI Discussion Papers nº31 Enero 2013) en lo que respecta a la denominada incertidumbre de conocimiento referida a la “(...) no predictibilidad relativa a proyecciones de comportamiento humano (...) y componentes caóticos de sistemas complejos (...) la incertidumbre estructural derivada de modelos inadecuados (...)”. 


[16] Afectaría a 41.500 km2 de costa de Egipto, Marruecos, Túnez y Argelia. 


[17] El sector del agua en Marruecos. ICEX. Oficina comercial de la Embajada de España en Rabat. Enero 2014. 




[19] Sobre todo en el sur de Argelia, aunque los actuales sistemas de bombeo, el incremento de población a la que suministrar y la perspectiva de un negocio rentable pueden acelerar el vaciado de la cuenca interior así como hacer de ese precioso y vital recurso algo inalcanzable. http://www.unesco.org/mab/doc/ekocd/spanish/algeria.html


[20] Menos de 1.000 metros cúbicos por persona y año, por lo que el denominado “estrés hídrico” que padecerían, sería endémico 


[21] David García y Rubén Herrero. “Cambio Climático: Modelos e impacto en la seguridad alimentaria en el Mediterráneo” (UNISCI Discussion Papers nº31 Enero 2013). 


[22] El total de superficie ecológicamente productiva necesaria para producir los recursos consumidos por un ciudadano medio de una determinada comunidad humana, así como la necesaria para absorber los residuos que genera. 


[23] Disponibilidad de un abastecimiento fiable de energía a precios asequibles. 


[24] La energía en la región Euro-Mediterránea. Speech/09/103. Comisaría europea de Relaciones Exteriores y Política de Vecindad. Marzo 2009.

viernes, 4 de septiembre de 2015

¿Qué es el peacemaking?

Seguimos descifrando términos utilizados en las relaciones internacionales, en la defensa y la seguridad. En este caso nos ocupamos del denominado PeaceMaking.


¿QUÉ ES PEACEMAKING?

Es un término inglés que puede traducirse como PACIFICACIÓN O ESTABLECIMIENTO DE LA PAZ. Remite fundamentalmente al alcance de la Paz mediante negociaciones, englobando en general, cualquier acción orientada a lograr acuerdos entre partes hostiles. Estas negociaciones pueden realizarse a través de acciones y gestiones de diplomacia convencional –cumbres ministeriales, encuentros de líderes políticos, embajadores, etc.- o diplomacia paralela –mesas redondas de negociación, mediación de ONG´s, asesoramientos por parte de institutos de investigación y otros.

¿CUÁNDO COMIENZA A USARSE EL TÉRMINO PEACEMAKING?

El uso de este término comenzó a extenderse tras 1992 cuando Boutros-Ghali, entonces Secretario General de las Naciones Unidas, anunció su AGENDA PARA LA PAZ, en la que describía las que debían ser nuevas labores de la organización. Entre ellas se incluían las acciones PEACEMAKING incluyendo principalmente tareas de Negociación, Mediación, Arbitraje y adjudicación de disputas al Tribunal Internacional de Justicia. 
La perspectiva de las Naciones Unidas considera que las labores de PEACEMAKING deben estar respaldas por el compromiso de la comunidad internacional de solucionar los problemas que agraven conflictos en curso o puedan ser la base de otros nuevos en el futuro.
Asimismo, afirma que si los medios de colaboración se prueban insuficientes, debe recurrirse a medios coercitivos tales como sanciones económicas con respaldo militar.
Como último recurso, una labor de PEACEMAKING puede recurrir al PEACE ENFORCEMENT –opción última ratio de restaurar el status quo ante belum por medios militares- bajo el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas. Al efectuar este tipo de respuestas directas para pacificar situaciones de agresión inminente o en curso, Naciones Unidas puede también intervenir para establecer o mantener un alto el fuego en lo que se ha denominado PEACEKEEPING PLUS, o sea, situaciones en las que las tropas bajo bandera de la ONU puedan ser combatientes sin ser beligerantes.