viernes, 30 de septiembre de 2016

Los retos internacionales de España en 2016




Como ocurre en las demás cuestiones de la agenda política para 2016, la gestión de los asuntos exteriores vendrá lógicamente muy marcada por el arranque de una nueva legislatura en la que se alterarán los tradicionales equilibrios del sistema político español y el Gobierno dejará de descansar sobre un único partido con mayoría absoluta. 

Son muchas las oportunidades e incertidumbres que genera esa transformación hacia un modelo multipartidista; de modo que en este momento no sólo desconocemos el color político del futuro presidente sino también su fortaleza institucional y hasta si compartirá partido con todos sus ministros. Sin embargo, a diferencia de otros ámbitos más domésticos cuyos desarrollos puede variar mucho dependiendo del desenlace electoral y del gobierno resultante (tales como la cuestión territorial, la regeneración institucional, el mercado de trabajo, la educación, el gasto social o las nuevas reformas estructurales), no parece que el curso futuro de la acción diplomática española vaya a verse muy afectada. 

Pero, aún por encima de este relativo clima de acuerdo, resulta más importante el segundo motivo que lleva a que las próximas elecciones sean a priori menos trascendentales para los temas internacionales que para los que tienen una naturaleza más interna. Y es que son precisamente los asuntos exteriores los que, por su propia naturaleza, tienen menos posibilidades de ser controlados, o ni siquiera influidos, por una potencia media como es España. Por supuesto, no debe despreciarse cierta capacidad que tiene el país para moldear la política mundial desde, por ejemplo, su asiento en el Consejo de Seguridad (que mantendrá hasta final de 2016), su participación en el G20, su estatus de quinto estado miembro de la UE, su presencia activa en el espacio mediterráneo e iberoamericano, y la proyección que le dan sus empresas y ciudadanos cada vez más conectados con la globalización. Pero, eso no puede llevar a la pretensión (que resultaría también audaz en las tres grandes potencias europeas e incluso en las mundiales como China o EEUU) de que se puede aspirar a gestionar los desafíos globales desde una capital nacional. De hecho, en la coyuntura del tránsito de 2015 a 2016 destacan varios asuntos (la respuesta al terrorismo yihadista, la crisis de refugiados o la lucha contra el cambio climático) donde se pone de manifiesto con crudeza la pequeñez de los Estados individuales y la necesidad de dar respuestas multilaterales. 

La capacidad de España de contribuir con ciertas dosis de ambición a la gobernanza que se está conformando en esos temas es seguramente el principal desafío inmediato.Dos son los motivos que explican esa aparente estabilidad. En primer lugar, la sintonía existente entre PP, PSOE y Ciudadanos en las cuestiones internacionales claves, que viene a confirmar la tendencia de consenso (¿o es más bien desinterés?) que ha caracterizado este gran ámbito de política pública durante todo el periodo democrático, salvo en momentos excepcionales como fueron la adhesión y referéndum sobre la OTAN o la intervención y retirada de Irak. Se trata de una pauta de concordia que se desvía de los vaivenes programáticos y el estilo de confrontación que ha sido en cambio habitual en otros muchos temas internos. Lo cierto es que en los últimos años, al margen de matices o divergencias procedimentales, no es fácil identificar auténticos disensos en política internacional y europea. Por seguir con los tres partidos antes mencionados -que son los que encabezan todas las encuestas- es significativo que hayan votado exactamente igual en el Parlamento Europeo en dossieres tan controvertidos como la finalización de la Unión Económica y Política en la Eurozona, la negociación del TTIP con EEUU, las cuotas de refugiados, la solidaridad con Ucrania frente a la agresión rusa o la regulación del Registro de Nombre de Pasajero (PNR). Es cierto que Podemos no comparte este consenso, y apenas se ha alineado con los otros tres en temas muy concretos como, por ejemplo, el apoyo al reconocimiento del Estado Palestino. Sin embargo, es difícil que el partido de Pablo Iglesias pueda condicionar de manera efectiva la política exterior y de seguridad; e incluso si lo hiciere, ha moderado sus posiciones más radicales en cuestiones como el euro, la OTAN o las supuestas simpatías hacia regímenes hostiles a los países occidentales.

Otras regiones de interés central para España vivirán también un año clave: nuestra gran vecindad sur (Magreb, Oriente Medio y Sahel) seguirá acumulando riesgos, y en muy menor medida alguna oportunidad de avance para los derechos humanos. Entre los retos principales pueden mencionarse cuestiones tan sensibles como la radicalización, los flujos migratorios, el abastecimiento energético o los trágicos conflictos abiertos de Libia y, sobre todo, Siria. Por lo que se refiere al otro lado del Atlántico, está claro que España deberá estar atenta al ciclo de cambios políticos que se dará tanto en América Latina (marcada por la rápida transformación del mermado bloque bolivariano) como en EEUU que elegirá nuevo Presidente o Presidenta en noviembre.Luego, por supuesto, existen otras cuestiones relevantes que también merecerán la atención en 2016. Dentro del ámbito europeo destaca el nuevo documento estratégico que presentará en verano la Alta Representante y que España debe intentar moldear de acuerdo a sus valores e intereses o, más en la esfera de la propia integración, ayudar a que las divisiones entre los socios se reduzcan (como podría ser el caso en el eje deudores-acreedores) y no se amplíen (lo que está sucediendo con el auge de los sentimientos euroescépticos en los miembros más orientales pero también en Francia o el Reino Unido, que pretende renegociar los términos de su pertenencia y podría optar por la salida en un referéndum a celebrar próximamente).

Sin embargo, y pese a lo dicho sobre la relativa incapacidad de España para actuar frente a los grandes desafíos internacionales de 2016, sí que existe margen para mejorar netamente la posición del país dentro de Europa y el mundo. Se trata de aprovechar la nueva etapa para tomarse más en serio la conexión del proyecto nacional con el mundo exterior a través de una amplia panoplia de políticas no estrictamente diplomáticas. Por poner algunos ejemplos, sería un enorme paso adelante que el futuro Gobierno tomase como prioridades la internacionalización del talento (cultura, educación, universidades, sistema tecnológico), la mayor inserción de las empresas españolas en las cadenas de valor global a través del fomento de las exportaciones y la inversión extranjera, la apuesta por una auténtica política de cooperación al desarrollo y de generación de bienes públicos globales, o la mejor vinculación entre los aspectos internos y externos de la seguridad (terrorismo o crimen organizado pero también ciberseguridad, suministro energético e incluso estabilidad financiera). En el fondo, el gran desafío internacional para España está dentro de nuestras fronteras. No es quizá tan inmediato como para merecer titulares de prensa y resulta independiente de quien gane las elecciones: consiste en levantar la vista desde nuestras preocupaciones a menudo tan provincianas y mirar más allá.


Artículo escrito por Ignacio Molina. Para verlo en la web del Instituto Elcano, pinchar aquí

viernes, 23 de septiembre de 2016

Estados Fallidos en el mundo durante 2015

¿Qué significa Estado fallido?
El concepto “Estado fallido” significa el fallo del Estado para asegurar su función principal, que es en el concepto clásico de Max Weber, mantener el monopolio legitimo de la violencia política (Esty, D. C. 1995). Noam Chomsky (2008) ofreció un concepto de Estado fallido más amplio al categorizar no solo el monopolio de la violencia como motivo del fallo, también incluyó los objetivos del Estado.

En el concepto de Estado fallido se contempla en los sucesos políticamente más comprometedores como guerras civiles, inoperancia absoluta del gobierno, guerras con el exterior, existencia de guerrillas que disputan el control territorial y la ausencia absoluta del Estado de Derecho.

¿Cuál es el origen del concepto Estado fallido?

El concepto de “Estado fallido” deviene del reporte “State Failure Task Force Report” de la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos en el año de 1995. El fin del reporte era identificar de manera cuantitativa que países podrían considerarse “fallidos” y por ende como riesgo a la seguridad internacional y la seguridad nacional de Estados Unidos.

Posteriormente en 2002, después de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001, el Consejo de Seguridad de Estados Unidos, dependiente del presidente de los Estados Unidos, definió a los Estados fallidos como entes de riesgo a la seguridad nacional de Estados Unidos y estableció una estrategia integral para la intervención y cooperación en dichos países.

¿Qué conceptos de Estado contempla el Estado fallido?

Como se señaló previamente, el concepto de “Estado fallido” se ha fundamentado en dos visiones diferentes sobre el Estado. En primer lugar el concepto sociológico del Estado relacionado con su monopolio legitimo de la violencia. En segundo lugar basado en los objetivos del Estado, que en el caso de Chomsky son los objetivos proclamados por el mismo Estado.

En la teoría general del Estado no ha habido un consenso sobre el Estado y existe una diversidad amplia de corrientes de pensamiento. Es claro que el concepto sociológico de Weber y el jurídico han sido las visiones predominantes del Estado.

¿Por qué es un concepto en duda Estado fallido?

El concepto de Estado fallido ha sido cuestionado en la literatura académica y por expertos en asistencia internacional por ser considerado epistemológicamente impreciso, con incapacidad de ser útil para generar política pública, además de ser propagandístico y políticamente motivado.

Para Brooks (2005) el concepto de Estado fallido no explica bien las diferentes coyunturas que se viven en los países que tienen conflictos armados y guerras civiles que debilitan su existencia, incluso argumenta que hay una confusión entre Estado fallido y no-Estado donde hay una ausencia absoluta del Estado.

Para Joel S. Migdal (2011) el concepto de Estado fallido esta basado en una trivialización del concepto de Estado que por si mismo no comprende ni la visión sociológica de Weber (que el autor critica). Para Migdal hay cuestiones sobre la imagen del Estado coherente con la representación territorial y la capacidad de acción del Estado son mejores parámetros del mismo.

Para Aidan Hehir (2007) el concepto de Estado fallido fue vinculado políticamente al terrorismo internacional, haciendo pasar a los países así catalogados como “incubadoras” de actividad terrorista. Hehir critica esta postura y argumenta que no hay vínculo real entre terrorismo internacional y Estados fallidos.

Para Charles T. Call (2008) no hay utilidad en términos de política pública del concepto de Estado fallido. Argumenta que hay una excesiva agregación de factores que podrían determinarse como fallido a un Estado en los índices que se han creado. Luego expone que el concepto no puede ser correspondiente al de Estado fuerte. Explica que los índices tienen una carga notable de apoyo a la democratización. El concepto confunde la relación entre “estatalidad” y paz. Además argumenta que hay un paternalismo occidental y un poco entendimiento de la palabra fallar.

Finalmente para William Easterly y Laura Freschi (2010) critican el concepto de Estado fallido por cinco razones. Dicen que es confuso, no ha producido investigación relevante en economía política, no tiene concepto definido, que el único concepto coherente no aporta nada a entender la conducta del Estado y esta motivado de manera política.

¿Qué conceptos alternativos hay a Estado fallido?

Charles T. Call (2008) propone tres conceptos alternativos a Estado fallido. Propone en caso de Estados colapsados los cuales el cual no pueda mantener el monopolio legitimo de la fuerza y no exista ni un nivel básico de funciones del Estado para el ciudadano, como lo es proveer de identidad jurídica, seguridad física, controlar el sistema de migración al exterior ni puedan realizar sus actividades cotidianas relacionadas con el gobierno, dejando esas funciones a entidades política diferentes. En este caso hay una patente situación de guerra civil o guerra al exterior.

Posteriormente argumenta que ante la debilidad institucional de un Estado se vea como alternativa al Estado débil, donde a diferencia del primero no existe una guerra o conflicto violento a escala nacional y donde hay funciones básicas del Estado. Aquí el matiz propuesto por Call esta en cierto número de instituciones las cuales con funciones deficientes pero no en su totalidad.

Propone además el concepto de Estados transformados por guerras regionales, donde las funciones del Estado están más bien focalizadas regionalmente. Además propone que para no entrar en categorizaciones sobre la democracia el concepto de Estado autoritario ya existente es la alternativa idónea.


El centro de estudio estadounidense Fund for Peace (Fondo por la Paz) emite anualmente el Índice de Estados Fallidos (Failed States Index), que publica la revista Foreign Policy. Clasifica a los países basándose en doce factores, como la presión demográfica creciente, movimientos masivos de refugiados y desplazados internos; descontento grupal y búsqueda de venganza, huida crónica y constante de población; desarrollo desigual entre grupos; crisis económica aguda o grave; criminalización y deslegitimación del Estado; deterioro progresivo de los servicios públicos; violación extendida de los Derechos Humanos; aparato de seguridad que supone un ‘Estado dentro del Estado’; ascenso de élites faccionalizadas e intervención, de otros Estados o factores externos.
 
En 2015 un total de 178 Estados fueron incluidos en la lista, de éstos 4 fueron catalogados como en "alerta muy alta", 12 en "alerta alta", 22 en "alerta", 27 en "peligro alto", 42 en "peligro", 18 en "peligro bajo", 12 como "menos estable" 14 como "estable", 11 como "más estable", 14 como "sustentable" y 1 como "muy sustentable". Los peores 20 se nombran abajo. Los cambios en el ranking desde 2014 son indicados entre paréntesis.


1. Sudán del Sur (0)
2. Somalia (0)
3. República Centroafricana (0)
4. Sudán (+1)
5. República Democrática del Congo (-1)
6. Chad (0)
7. Yemen (0)
9. Afganistán (-1)
9. Siria (+6)
10. Guinea (+2)

11. Haití (-2)
12. Irak (+1)
13. Pakistán (-3)
14. Nigeria (+3)
15. Costa de Marfil (-1)
16. Zimbabue (-5)
17. Guinea-Bisáu (-1)
18. Burundi (+3)
19. Níger (+1)
20. Etiopía (-1)
 
Información recogida de diferentes fuentes.
 

viernes, 16 de septiembre de 2016

¿Está preparado el mundo para una nueva recesión en 2017?

Cuando aún estamos inmersos en la crisis económica de 2008, nos encontramos con informaciones que nos advierten de una posible nueva recesión en 2017. Las economías china y estadounidense, por un lado, y alemana e italiana por otro, acorralan a un sistema financiero que no tiene la seguridad de poder salir a flote si estas cuatro necesitan de ayuda; y parece que necesitan la inyección de fondos. Pero las crisis económicas no vienen solas. Si además vienen acompañadas de escenarios bélicos, los movimientos de la población se hacen frecuentes, y con ellos la inseguridad que provocan los desaprensivos que se lucran con las desgracias ajenas. Los Actores No Estatales Violentos se hacen fuertes en aquellos Estados Fallidos o en proceso de conversión y la necesidad de mantener la paz obliga a la intervención de las diferentes estructuras de seguridad colectiva. Afectan, por tanto, a la Seguridad y a la Defensa de los diferentes países.
 
Aunque sobre este asunto hablaremos en otro momento, hoy reproducimos un artículo de Daniel Viaña, publicado en El Mundo hace unos meses, que nos explica las razones de la, desafortunadamente, mas que probable recesión en 2017.
 
¿Estamos en el umbral de una nueva crisis económica mundial?
 
La Bolsas vivieron ayer otra sesión de fuertes pérdidas mientras las similitudes con 2008 aumentan.
 
Todavía son pocos los que afirman abiertamente que se avecina otra recesión pero sí es un temor presente entre analistas e inversores.
 
Pocos son los que la reconocen, pero muchos los que hablan sobre ella. Es algo que, sin duda, está en el mercado, que los inversores y analistas contemplan y de la que incluso se afirma que hay indicios significativos. Una de las primeras voces autorizadas que se refirió públicamente a La que no debe ser nombrada es el multimillonario inversor George Soros, que en los primeros días de enero aseguró: "Cuando miro a los mercados financieros veo que hay un serio desafío que me recuerda a la crisis que tuvimos en 2008". Y el último, ayer mismo, fue el presidente de BBVA, Francisco González, quien la rechazó pero sí reconoció que el momento "es delicado". Por el camino, los mercados bursátiles también la han contemplado y cotizado, como bien demuestran las caídas del 12% que acumulan tanto el Ibex como el Dax alemán en el presente y todavía corto 2016, o el 18% que se despeña la Bolsa de Italia.
 
En este contexto, Bank of America quiso ser traquilizador y sostener, en un informe de hace unos días, que el mundo no se encuentra ante una nueva crisis mundial. Sin embargo, el «estado de shock» en el que considera que se encuentran los mercados tampoco fue muy alentador. "La situación se parece más a 1998 que a 2008", señalaba el documento elaborado por el equipo europeo de estrategia en respuesta a Soros, y explicaba: "A pesar de la fuerte caída que sufrieron los mercados en 1998, las economías desarrolladas y los beneficios empresariales evitaron la crisis y crecieron con fuerza en 1999". De momento, la primera parte, la del desplome bursátil, se estaría cumpliendo y las sesiones de ayer y el martes son buenos ejemplos: entre los dos días la Bolsa española se ha desplomado un 5,3%, el EuroStoxx 50 más de un 4% y el Hang Seng de Hong Kong, un 3%. Más complicada parece la segunda, no en vano el bajo crecimiento mundial parece que se mantendrá en los próximos años.
 
"El desencadenante de la crisis hay que buscarlo en verano, cuando la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos amenazó con subir los tipos. Eso elevó la volatilidad e hizo que muchas gestoras salieran de Bolsa, gestoras que todavía no han vuelto. El resultado es que hay poco volumen de negociación y los movimientos son más bruscos". Así explica Diego Jiménez-Albarracín, responsable de renta variable de Deutsche Bank, el origen de esta compleja situación, y añade: "Se ha sobredimensionado el miedo a China y con el desplome del crudo hay temor a un default de petroleras y estados dependientes del petróleo".

Por lo tanto, Jiménez-Albarracín no comparte que la economía mundial se encuentre en una encrucijada similar a la de hace seis años, pero sí reconoce que los inversores bajistas, aquellos que apuestan por las caídas en Bolsa y "que desaparecieron entre 2007 y 2008, han vuelto". Además, los datos dicen que la inversión mundial en bonos con rentabilidad negativa alcanza los siete billones de euros, esto es, casi siete veces el PIB de España. "Eso lo que descuenta es un miedo al colapso", apunta el responsable de Deutsche, ya que los inversores buscan refugio en activos seguros aún y cuando estos les ofrecen rentabilidad negativa. Por este motivo, los bonos alemanes a 10 años ofrecen un interés del 0,2% y la prima de riesgo de España ha repuntado a casi 130 enteros.
 
A todo ello hay que sumarle la banca, actor indispensable en toda situación de gravedad que se precie y que lidera las caídas en el EuroStoxx. Italia ya ha llegado a un acuerdo con Bruselas para crear un banco malo que haga frente a los 200.000 millones en créditos dudosos, en España la única salida parece ser un nuevo proceso de consolidación e incluso en Alemania hay dudas sobre parte del sistema.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Vexilología divulgativa



Reproducimos a continuación, por su interés histórico y geopolítico, este artículo de Juan López Ventura publicado en la web El Orden Mundial en el Siglo XXI.

Seguro que alguna vez te has fijado en que hay banderas de países que se parecen mucho entre sí. Colores iguales, formas idénticas… Nos puede venir a la cabeza el ejemplo de las banderas escandinavas: ¿cómo es la bandera de Noruega? ¿y la de Islandia? ¿y cómo es la de Dinamarca? Son muy parecidas, ¿verdad?
 
Estas coincidencias (que en realidad no lo son tanto) se repiten por la geografía mundial en más ocasiones de las que pensamos.
 
Las banderas son símbolos que intentan transmitir una serie de valores con el objetivo de crear identidades, por ello, no es de extrañar que, en una misma región de características históricas y culturales parecidas, surjan símbolos igualmente parecidos. La historia común de países como Guatemala, Nicaragua y Honduras hace que, hoy en día, sus banderas sean prácticamente iguales. Lo mismo ocurre con Australia y Nueva Zelanda, o con Serbia, Eslovenia y Eslovaquia.
En este artículo vamos a viajar por el mundo para descubrir la historia que hay detrás de las banderas, y así intentar conocer un poco mejor distintas regiones y culturas. Es un recorrido apasionante y que nos ayudará a comprender muchas cosas a través de los colores y las formas.
 
Comenzamos nuestro viaje por el Norte de Europa. Mencionábamos las banderas de Noruega, Islandia y Dinamarca, que ciertamente son muy parecidas. El uso de los colores azul, rojo y blanco es recurrente en esta zona del mundo, donde además se usa un mismo diseño, apenas repetido en ningún otro lugar.
Este diseño de una cruz tumbada hacia la izquierda sobre un fondo de color es la conocida como Cruz de San Olaf (o simplemente Cruz escandinava), un símbolo de la cultura cristiana que conquistó las heladas tierras del Norte durante los siglos VIII y XIII, en un proceso lento y que fue desplazando poco a poco la cultura vikinga y los mitos nórdicos. Fue en el S.XI cuando el rey Olav Tryggvason comenzó la cristianización de Noruega, tras haber visitado Inglaterra. Ya había habido intentos en siglos anteriores, pero no habían fructificado.
Las primeras banderas escandinavas que adoptaron esta simbolización del cristianismo fueron las de Dinamarca, en el año 1478, y la de Suecia, en 1563. Mucho más tardaron Noruega (1821), Finlandia (1918) e Islandia (1944). Además, hay muchos territorios de la región que mantienen la Cruz de San Olaf en sus banderas, como las Islas Feroe, el Archipiélago Aland o la propia Inglaterra. Si bien en la forma hay total coincidencia, en la utilización de los colores encontramos varias diferencias interesantes.
Todos los países que históricamente han tenido más relación con Dinamarca han mantenido en su bandera el color rojo, protagonista en la bandera primigenia danesa. Suecia es la única que incluye un color propio (el amarillo), y Finlandia escogió los colores que mejor describen su realidad geográfica: el azul del abundante agua y el blanco de la nieve y el hielo. En cierta manera la bandera de Finlandia es un mapa de su territorio, con lagos y ríos azules recorriendo el fondo blanco, que es el país. En cuanto a Noruega e Islandia, es curioso observar que son dos banderas exactamente idénticas, pero con los colores principales cambiados: la cruz de la bandera de Islandia es roja, mientras que la cruz noruega es azul y el fondo rojo, siendo azul en Islandia.
 

Colores mucho más cálidos encontramos en las siguientes banderas, que vienen a ser reflejo de la situación tropical de sus países, muy lejos de las iglesias de madera noruegas o del hielo de Finlandia. En la región que ahora visitamos no hay mención a religiones, pero sí una importante carga histórica y cultural, que une a estas tres naciones: Ecuador, Colombia y Venezuela tienen banderas muy parecidas.
Las coincidencias en las banderas vienen de un extinto país que existió entre 1819 y 1831, la Gran Colombia. La bandera de la Gran Colombia combinaba los colores amarillo, azul y rojo en tres franjas horizontales, en la misma disposición que mantienen actualmente Ecuador, Venezuela y Colombia. Un diseño ideado por Francisco de Miranda, que ondeó una bandera con esos colores por primera vez en 1806.
La primera descripción de los colores que poseía la bandera de la Gran Colombia, así como la interpretación del significado de los mismos, se atribuye al político colombiano Francisco Antonio Zea, quien declaró durante su discurso en el Congreso de Angostura de 1819 (congreso en el cual nació la Gran Colombia) lo siguiente:
Nuestro pabellón nacional, símbolo de las libertades públicas, de la América redimida, debe tener tres franjas de distintos colores: sea la primera amarilla, para significar a los pueblos que queremos y amamos la federación; la segunda azul, color de los mares, para demostrar a los déspotas de España, que nos separa de su yugo ominoso la inmensidad del océano, y la tercera roja, con el fin de hacerles entender a los tiranos que antes de aceptar la esclavitud que nos han impuesto por tres siglos, queremos ahogarlos en nuestra propia sangre, jurándoles guerra a muerte en nombre de la humanidad.
Esta explicación tan exaltada de los símbolos se explica por el momento histórico que se vivía en la región, por ello en la actualidad se hace otra lectura de las banderas. De acuerdo a la interpretación moderna de los colores, el amarillo representa la riqueza de la tierra, así como el sol, fuente de luz, y la soberanía, la armonía y la justicia. El azul representa el cielo, los ríos y el océano. Y el rojo significa amor, poder, fuerza y progreso, recordando la sangre vertida por los patriotas para conseguir la libertad. Colores para recordar la historia.
Los países resultantes de la desintegración de la Gran Colombia mantuvieron el diseño en sus banderas y, si bien fueron produciéndose cambios a lo largo del tiempo, en la actualidad podemos reconocer la bandera madre de forma muy evidente.
 
 

En este caso no vamos a hablar de semejanzas en la gama de colores, sino en la utilización de ciertas formas geométricas como símbolo recurrente. En el Este de Asia, varios países utilizan el círculo para representarse. ¿Qué valores y mensajes nos transmite esta forma geométrica perfecta?
Sin duda la bandera más emblemática entre las que utilizan el círculo es la bandera de Japón, llamada oficialmente Nisshōki (bandera del Sol en forma de disco), y más comúnmente conocida como Hinomaru (disco solar). En esta bandera el elemento principal es el círculo rojo, que representa al Sol. No se debe confundir con la Bandera del Sol Naciente, la bandera militar japonesa.
El motivo del Hinomaru fue utilizado ya en las banderas los samuráis, un recurso muy típico en la región y especialmente en este país. El Estandarte Imperial de Japón también tiene diseños circulares, con una flor de crisantemo de dieciséis pétalos dorados, emblema del Emperador.
Japón administró Palaos de 1914 a 1944, un pequeño país insular cerca de Filipinas donde siempre han admirado al País del Sol Naciente, al que le deben mucho en cuanto a desarrollo económico y tecnológico. Quizás por ello algunas lecturas señalan que la bandera de Palaos, adoptada en 1980, es un reflejo de la bandera japonesa. La bandera de Palaos tiene una luna llena de color dorado sobre un fondo azul celeste, y la explicación oficial describe que la luna simboliza la paz y una nación joven, mientras que el fondo representa la transición de Palaos hacia el autogobierno de 1981 a 1994, cuando ganó su total independencia.
En Taiwan (República de China) también se utiliza el símbolo del Sol y del círculo. Desde 1928 el escudo nacional consiste de un disco azul sobre el cual hay un Sol blanco, del que salen 12 rayos que simbolizan los doce meses del año y las tradicionales doce horas chinas. En todos los casos, el Sol simboliza también la libertad.
 

La bandera de Bangladesh fue adoptada oficialmente en el año 1972. Fue usada originalmente durante la Guerra de Liberación de Bangladesh, que estaba compuesta por un fondo verde y un círculo rojo dentro del cual se ubicaba un mapa del país en color dorado. Al ser adoptada oficialmente, ese mapa desapareció con el objetivo de simplificar el diseño. En la actualidad, en la bandera hay un simbolismo muy sencillo: el campo verde representa la abundancia de las tierras del país y el círculo rojo representa al sol sobre el Golfo de Bengala y la sangre de los héroes de la independencia.
En Laos, la versión oficial cuenta que, en la bandera de 1975, el disco blanco simboliza la luna sobre el río Mekong, además de la unidad del país. En esta región del mundo, es muy común representar los valores de la unión y la unidad mediante el símbolo de un círculo.
En el caso del símbolo que preside la bandera de la India tenemos que remontarnos a comienzos del S.XX para conocer su historia. Fue en el año 1916 cuando Pingali Venkayya , un escritor y geofísico indio, diseñó una nueva bandera con la intención de atraer a toda la nación. Mahatma Gandhi le sugirió incorporar un charkha (rueca de hilar) como símbolo de la regeneración económica de la India. Desde ese momento, y también durante el periodo de dominación británica, ese curioso símbolo se mantuvo en los siguientes diseños (en 1921 y 1931).
En 1947 el charkha en el medio fue reemplazado por una chakra (rueda). Según la interpretación oficial de la Asamblea que ese año estableció la bandera oficial del país, el símbolo central es la chakrá ashoka, la rueda de la justicia. La India debía moverse e ir hacia delante, como una rueda, que además representaba el dinamismo de un cambio pacífico.
Viajamos ahora a la Península de Corea, donde terminamos este recorrido asiático y donde también encontramos círculos que tratan de transmitirnos ideas. El más famoso quizás sea el yin-yang que preside la bandera surcoreana (conocida como Taegeukgi). Ese círculo de dos colores mezclados tiene un significado muy estudiado y reconocido: el símbolo rojo (yang) representa la luz y el calor, y el símbolo azul (yin) significa la oscuridad y el frío. Al parecer un prototipo del yin-yang se adoptó ya durante la Dinastía Joseon (1392-1897).
En el caso de Corea del Norte, la bandera adoptada en 1948 también presenta un círculo. Siguiendo la tradición revolucionaria del país, dentro del disco blanco destaca una estrella roja.
 
En el Este de Europa hay varios países que comparten colores en sus banderas. Vemos que el blanco, el azul y el rojo se repiten varias veces, y siempre es disposición horizontal. Son los colores del paneslavismo, un movimiento político y cultural nacionalista, surgido en el siglo XIX, que tenía el objetivo de promover la unión cultural, religiosa y política entre todos los pueblos eslavos de Europa.
El país eslavo por excelencia es Rusia, y su bandera actual, adoptada oficialmente en Diciembre de 1993, refleja estos colores tan representativos de la región, que proceden de mucho antes de la caída de la Unión Soviética. Una bandera tricolor de bandas horizontales similar ya fue utilizada por el Imperio Ruso desde, al menos, el año 1705.
Es conocida la leyenda que cuenta que el origen de la bandera de Rusia se remonta al año 1699, cuando Pedro el Grande visitó los Países Bajos para aprender todo lo posible sobre navegación y construcción de navíos. El Zar, recordando que toda marina que se preciara debía tener una bandera propia, se fijó en la insignia holandesa, de franjas horizontales naranjas, blancas y azules, y decidió copiar el diseño cambiando el color naranja por el rojo, estableciendo así una nueva bandera que sería la de la Armada rusa.
Esta historia tan extendida en Rusia es simplemente una leyenda. Los historiadores han demostrado que años antes, las autoridades rusas ya utilizaban esos colores. Un libro alemán sobre navegación publicado en 1695 ya describía una bandera similar (blanca, azul y roja) que fue izada por la Marina rusa en su primer barco botado: la fragata Oriol.
Según parece, los tres colores tan repetidos en la región provendrían del escudo del Principado de Moscú, en el cual aparece San Jorge con una armadura blanca, montando un caballo blanco, llevando una capa y un escudo azules sobre un fondo rojo.
En el caso de Serbia, la bandera es, en realidad, la enseña rusa invertida. Según la historia, esto se debe a que, antes del Primer Levantamiento Serbio contra los turcos, una delegación serbia fue a Rusia en busca de ayuda. Ésta fue concedida, y la delegación quiso mostrar su reconocimiento pidiéndoles utilizar la bandera rusa como el símbolo militar del país balcánico en las batallas.
Por su parte, la bandera de Eslovaquia está compuesta por las mismas tres franjas horizontales den paneslavismo, con la diferencia de que, en la parte central de la bandera, ligeramente desplazado hacia el borde más cercano al mástil, figura el escudo nacional. Fue adoptada como bandera nacional de la Eslovaquia independiente el 23 de junio de 1939 y se usó hasta 1945, pero no volvió a ser oficial hasta el 1 de marzo de 1990.
La bandera de Eslovenia es exactamente igual que las otras que hemos visto, y además tiene el escudo de armas nacional, consistente en un dibujo del monte Triglav, el pico más alto de Eslovenia, y en dos líneas onduladas azules que representan al mar Adriático y a los ríos de Eslovenia. También podemos apreciar tres estrellas doradas, que fueron tomadas del escudo de los condes de Celje (Grofje Celjski), la gran casa dinástica de fines del siglo XIV e inicio del siglo XV. La bandera actual de Eslovenia fue declarada oficial por la Asamblea de Eslovenia el 24 de de junio de 1991 y fue usada por vez primera en Liubliana el 26 de junio de 1991, un día después de la declaración de independencia de Eslovenia.
 


Cambiamos de región y también de colores y símbolos. En la costa Este de África, frente al gran Océano Índico, la milenaria historia de países como Mozambique o Zimbawe se ha traducido en banderas muy características de esta zona del mundo, con motivos fácilmente vinculados a las sabanas y a la vida de los aborígenes africanos.
Para empezar, los colores. El amarillo de la tierra y del Sol, el negro de la piel, el verde de las acacias, el rojo de la sangre. Colores duros y a la vez vivos, muy llamativos. No se encuentran estos colores en Europa, donde las banderas son más frías (recordemos el blanco y el azul del Norte y del Este del Viejo Continente). Aquí, en África, las banderas no transmiten ese frío.
En 1980 Zimbabwe terminó de diseñar su bandera. Una repleta de significados. Los colores, bien diferenciados, simbolizan la geografía e historia del país. Verde y amarillo para la agricultura y la riqueza mineral, rojo por la sangre derramada en las guerras de liberación colonial, y negro en representación de las etnias nativas africanas. A la izquierda, sobre un triángulo blanco que simboliza la paz, destaca la estrella roja de la lucha revolucionaria.
Aunque sin duda el elemento diferenciador de esta bandera es el pájaro dorado que hay sobre la estrella. Se trata del Ave de Zimbabwe, una escultura de piedra tallada que se encontró en las ruinas de la antigua ciudad de Gran Zimbabwe. Esta estatua es el emblema nacional de Zimbabwe, y probablemente represente un águila volatinera.
En el caso de Uganda, los mismos colores (rojo, negro, amarillo) acompañan a otro símbolo curioso: una elegante grulla. Adoptada en 1962, la bandera de Uganda se acuerda del que es el pájaro nacional.
 
 


La bandera nacional de Mozambique es quizás la que más sorprende de todas. Adoptada en 1983, es la única bandera del mundo que representa un fusil moderno (se trata de un AK-47). La bandera está basada en la del Frente de Liberación de Mozambique FRELIMO, y esconde varios mensajes. En cuanto a los colores, el verde representa la riqueza del suelo (fauna y flora), el amarillo las riquezas del subsuelo (minerales preciados), el negro es el continente africano, el rojo recuerda el combate del pueblo contra el colonialismo, y el blanco simboliza la paz.

No es una paradoja que el símbolo blanco de la paz conviva en una misma bandera con un AK-47. Según la explicación oficial, el dibujo de este fusil representa la determinación del pueblo de Mozambique para proteger su libertad. Al fusil le acompañan un libro, símbolo de la educación, y una azada, acordándose de los trabajadores (principalmente campesinos y agricultores). Junto a todos estos símbolos y colores, la estrella amarilla nos recuerda la solidaridad del pueblo y la creencia en el socialismo.
 


La bandera nacional de Swazilandia fue adoptada el 6 de octubre de 1968. El color azul representa la estabilidad, y el amarillo los recursos naturales del país. En el centro de la bandera, sobre fondo rojo que representa las batallas en tiempos históricos, un escudo y dos lanzas representan la defensa de Swazilandia contra sus enemigos. El color del escudo (blanco y negro) representa la convivencia pacífica entre las comunidades negra y blanca.

Es una bandera muy parecida al Estandarte del Rey, una bandera en la que, además de varios símbolos africanos como escudos o coronas tradicionales, podemos ver la imagen más representativa del continente: un león.
 
Los colores panárabes son el rojo, el negro, el blanco y verde. Fueron utilizados por el rey de Hiyaz (actualmente parte de Arabia Saudita) en la bandera que enarboló durante la llamada Rebelión Árabe contra el dominio turco en 1917.
Se cree que cada uno de los cuatro colores panárabes representa a alguno de los familiares del profeta Mahoma que ocuparon el poder a lo largo de la historia de la conquista islámica. Así, el blanco sería el color del estandarte de Qusay, y se considera el color de los Omeyas de Damasco. El rojo fue utilizado por el segundo sucesor de Mahoma, Omar, y posteriormente se identificó con la rama religiosa de los jariyitas, predominantes en los estados del Golfo Pérsico. También ha sido siempre el color de los guardianes de La Meca, los hachemitas, actualmente la dinastía reinante en Jordania. Desde el siglo XII fue adoptado por los turcos otomanos.
El negro es el color que cubre la Kaaba, la Piedra Negra objeto de veneración y peregrinación en La Meca. Fue la insignia de la dinastía Abasida y de los almorávides. Y finalmente el verde está considerado como el color propio de Mahoma, por ser el de su turbante, que agitaba en el combate para animar a los suyos, y es el que comúnmente se identifica con el islam en su conjunto. Más propiamente, es el color con el que se identifica a la dinastía Fatimida, que llegó a gobernar sobre todo el Norte de África.
Tanto Kuwait como los Emiratos Árabes Unidos adoptan estos cuatro colores de manera diferente en su disposición, pero similar en su diseño: banderas de tres bandas horizontales acompañadas por una cuarta barra vertical a la izquierda.
El caso de Jordania es el único que incorpora un elemento diferenciador: una estrella de siete puntas que simbolizan los siete versos de la primera sura del Corán, además de aludir a la unidad de los pueblos árabes.
Similar a todas estas banderas es la de Palestina, un Estado no reconocido pero que lucha por su total soberanía. En 2011 la bandera palestina ondeó por primera vez en una organización internacional, con motivo de su admisión en la UNESCO. Es una bandera exactamente igual que la de Jordania, pero sin la estrella blanca en el triángulo rojo.




Seguimos nuestro viaje, y nos desplazamos ahora hasta las aguas al sur del Océano Pacífico. El recuerdo del Imperio Británico es constante en esta zona del mundo, donde la famosa Union Jack, la bandera inglesa (una combinación de las cruces de los santos patronos de Inglaterra, de Escocia y de Irlanda del Norte) , está presente físicamente en las banderas de hasta cuatro naciones soberanas e independientes.
La Bandera de Tuvalu fue instalada cuando el país se independizó de Kiribati en 1978. Como la mayoría de las naciones miembro de la Mancomunidad Británica de Naciones, la bandera posee un fondo azul con la Union Jack en la esquina superior izquierda. Las 9 estrellas representan las 9 islas que componen el archipiélago de Tuvalu, si bien el posicionamiento de las estrellas no es geográficamente el mismo al de las islas.
En el caso de Fidji, la bandera es exactamente igual que la de su vecino Tuvalu, pero sustituyendo las estrellas por el escudo del país. El gobierno ya ha anunciado su intención de cambiar la bandera nacional.
El país más grande de la región, Australia, tiene una reconocida bandera en la que, sobre un fondo azul oscuro, destaca la constelación de la Cruz del Sur, formada por cuatro estrellas blancas de igual tamaño y una más pequeña, organizadas exactamente como aparecen en el firmamento. Además, bajo la bandera del Reino Unido aparece una gran estrella de siete puntas, conocida como la Commonwealth Star, que representa a los seis estados originales del país y la séptima por los territorios y futuros estados de Australia.
La bandera que sigue siendo utilizada hoy en día en Nueva Zelanda fue introducida en 1869, aunque no fue adoptada oficialmente hasta 1902. Se ha propuesto en diversas ocasiones cambiar la bandera neozelandesa para adoptar un nuevo diseño, con el argumento de que la bandera actual ignora el legado maorí y de los otros pueblos de la nación. Entre noviembre de 2015 y marzo de 2016 se están llevando a cabo dos referéndums sobre este asunto.
En Septiembre de 2015 por fin se dieron a conocer los diseños finalistas para sustituir a la bandera de Nueva Zelanda. La idea, que fue presentada por el primer ministro John Key, es reemplazar la actual insignia (que recuerda demasiado su pasado como colonia británica) por un símbolo más neozelandés. Todos los diseños, con excepción de uno, tienen el símbolo nacional: el helecho de plata. El llamado kaponga en el idioma morí  es una especie de helecho endémico de Nueva Zelanda.
El concurso público se inició con 10.292 diseños, y ha terminado con cuatro finalistas. Un proceso histórico para el mundo de las banderas, y que supone un atrevido e interesante proyecto de involucración de la ciudadanía en los asuntos importantes. Al fin y al cabo, una bandera es el símbolo de la gente, y ha de tener la aprobación de la gente.

El 15 de Septiembre del año 1821, Centroamérica se independizó del Imperio Español. La bandera del nuevo Estado que se formó, llamado Provincias Unidas del Centro de América, es la madre de muchas de las actuales banderas que ondean en la región. Este país de nombre tan largo y existencia tan breve (Provincias Unidas del Centro de América fue un Estado desde el 1 de Julio de 1823 hasta el 22 de Noviembre de 1824) adoptó una sencilla bandera de dos franjas horizontales de azul claro entre las cuales quedaba una franja blanca albergando un curioso escudo. Este fue el nacimiento de un diseño que se mantendría hasta la actualidad.
Tras un proceso constituyente, se creó un nuevo país, la República Federal de Centro América, que mantuvo la bandera hasta su disolución, en 1839. A partir de entonces, y tras varios intentos fallidos de establecer un Estado centroamericano unido y fuerte, los países que fueron naciendo adoptaron banderas que recuerdan inevitablemente el estilo de la bandera madre.
Honduras adoptó su propia bandera en 1866, y Guatemala hizo lo propio poco tiempo después, en 1871, diferenciándose de los anteriores diseños al colocar las tres franjas en vertical. Se intentó así representar las características geográficas de la región, siendo las dos barras azules el Océano Pacífico y el Mar del Caribe, respectivamente. En el centro, entre las dos masas de agua, quedaba un pedazo de tierra en que Guatemala se representaba con un escudo. Esta misma lógica se utiliza para las otras banderas de la región.
Ya durante el S.XX surgieron otras banderas del mismo diseño: Nicaragua (1908) y El Salvador (1912). Mismos colores y mismo estilo, con mucho protagonismo para el escudo de armas de cada país. Más allá de los valores que intenta expresar cada color (el azul se relaciona con la justicia y la lealtad, mientras que el blanco hace referencia a la pureza y la integridad), el verdadero mensaje de estas banderas se encuentra en su corazón, en la parte central.
Los escudos de latinoamérica son muy llamativos y elaborados. Varias ideas se recogen en las coloridas pinturas decimonónicas, que nos hablan de historia, valor, grandeza y exaltan el nacionalismo. En las banderas de Nicaragua y El Salvador hay una mención también a la unidad (históricamente buscada en esta región) de los países centroamericanos. Observamos hasta cinco montañas verdes, que son volcanes, representando a Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica. Coronando la imagen, un rayo de arcoiris cubre el paisaje, significando la paz que tanto necesitan en esta parte del mundo. Todos los escudos están enmarcados en un triángulo, que puede significar tanto la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad, como la separación de poderes.
 
 
No hace falta explicar el porqué de la presencia de tanta agua en los escudos de estos pequeños países, tan influenciados por el océano. Lo que sí es destacable es el curioso gorro rojo que se alza en el centro de varios escudos. Es el mismo gorro que aparece en el Escudo de Argentina, en el Escudo del Ejército de Estados Unidos y en tantos otros emblemas americanos. ¿Qué significa?
Es el llamado gorro frigio, una especie de caperuza cónica, con la punta curvada, y tiene una interesante historia. Se cree que procede originalmente de la región de Frigia, en Asia Menor, y a lo largo de la Historia se observa en distintas representaciones artísticas, desde un mosaico bizantino del S.VI en Rávena donde se ve a los Reyes Magos de Oriente acudiendo a adorar al niño Jesús portando gorros frisios, hasta la época romana, como símbolo de los esclavos liberados. Este gorro fue también utilizado por los asesinos de Julio César y durante la Independencia de Estados Unidos.
Distintos momentos históricos en los que el gorro frigio aparece como símbolo, especialmente recordado en el famoso cuadro de Eugène Delacroix, con la alegoría de la Libertad portándolo mientras guía al pueblo francés.
Durante el S.XIX el gorro frigio se consagra definitivamente como símbolo internacional de la libertad y el republicanismo. Durante los procesos de independencia de países americanos, varios adoptaron este símbolo para sus banderas y escudos, como: Paraguay, Bolivia, Colombia, Cuba, Haití, Nicaragua, El Salvador y Argentina.
 
Viajamos ahora a una región muy diferente del mundo: la costa del Golfo de Guinea, en el Oeste de África. Repasando el mapa de banderas, inmediatamente nos fijamos en la casualidad que supone el uso de los mismos tres colores en tantos países vecinos. El rojo, el verde y el amarillo se repiten en hasta siete naciones de esta región. Vamos a intentar conocer la historia de este curioso hecho.
En 1957, Theodosia Okoh, mujer de Estado, diseñó la bandera de Ghana, que sería el primer país del Oeste de África en adoptar estos tres colores. El éxito del diseño sencillo, con tres barras y sin escudos ni símbolos, rápidamente influyó en otros países. Tan sólo unos meses después, en 1958, Guinea copió la idea y utilizó los llamados colores panafricanos para su bandera.
Según la explicación oficial que se da en Guinea, la adopción de esos colores se basa en las siguientes ideas: el rojo fue adoptado en homenaje de quienes murieron en la lucha contra del colonialismo, el amarillo es el símbolo del oro guineano y el sol africano, y el verde representa los bosques y la agricultura del país. En general, la utilización de los colores panafricanos sí tiene una explicación común en todos los países con banderas parecidas: el rojo recuerda la sangre del colonialismo, el amarillo refleja el brillo del Sol y de los recursos minerales de esta región, y el verde representa a los pastores y a la esperanza.
Camerún adoptó su bandera en 1957, Malí en 1961, Guinea-Bissau en 1973 y Benin en 1990. En el caso de Ghana, Camerún y Guinea-Bissau, las banderas incluyen además la ‘estrella negra africana’, símbolo de la libertad del continente, y que podemos encontrar en otros países africanos como Yibuti, República Democrática del Congo, Burkina Faso, Sao Tomé y Príncipe (que también tiene los colores panafricanos), Togo, Somalia… etc.
Históricamente, los colores panafricanos tienen su base en la bandera etíope, una de las más antiguas del continente africano. El esquema tricolor de la bandera es muy antiguo, anterior a la creación del estandarte del Imperio de Abisinia. La primera bandera oficial etíope de la que se tiene constancia es del año 1897, tras la Batalla de Adua, y también se componía de estos tres colores.
De forma curiosa, podemos observar que los colores panafricanos también están presentes en muchas banderas de América, así como en territorios europeos de ultramar. En países americanos como Dominica, Granada, Guayana Francesa, Guyana, San Vicente y las Granadinas, Surinam o Jamaica, muchos esclavos que no pudieron volver a sus hogares convirtieron esos territorios en su nueva patria, reivindicando los colores que les hacían recordar su casa: África.
 
 

viernes, 2 de septiembre de 2016

La UE y los BRICS

El 10 de agosto de 2003 el diario El País[1] entrevistaba a Christoph Bertram. En dicha entrevista el Director de la prestigiosa Fundación alemana Ciencia y Política expresó lo que ha venido a ser el leitmotiv más recurrente de los últimos 15 años: “La Unión Europea es un gigante económico pero un enano estratégico.../...”. Y esta expresión se repite como un mantra en cuanto a la dimensión política de la Unión Europea (en adelante UE) se refiere, en cualquiera de sus facetas, interesándonos hoy lo que sucede en cuanto a sus relaciones con los denominados BRICS[2], sobre todo en lo referido a la Política Exterior y de Seguridad Común (en adelante PESC), la Política Europea de Seguridad y Defensa (en adelante PESD) y a toda su Acción Exterior (en adelante AE) que, como sabemos, son ámbitos específicos de la UE sometidos a un funcionamiento distinto del resto de las políticas comunitarias. Lógicamente, la dinámica económica es la salsa que condimenta todas estas relaciones, puesto que no podemos olvidar que estos cinco países representan el 40% de la población mundial, el 25% del PIB mundial y que entre 2005 y 2015 supusieron el 50% del crecimiento económico global.  Porque los BRICS cuestionan el poder establecido. El Nuevo Banco de Desarrollo[3], el banco de los BRICS, nació en julio del año pasado con una dotación de 100.000 millones de $ por país y para el quinquenio 2015-2020, especialmente destinado para atender las necesidades de reservas internacionales en periodos de crisis[4] disputando el poder al Fondo Monetario Internacional (en adelante FMI) y al propio Banco Mundial, planteándose, incluso, acuñar su propia moneda. No podemos olvidar los factores geográficos y demográficos comunes a las cinco economías emergentes. Además mantienen esta actitud ante los graves problemas geoestratégicos y geopolíticos internacionales actuales:  ninguno de los BRICS condenó la anexión rusa de Crimea en su conflicto con Ucrania[5], se abstuvieron (junto a Alemania) en marzo de 2011 en la votación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas[6] (en adelante ONU) sobre una zona de exclusión aérea en Libia solicitando más diálogo entre las partes, y manifestaron una postura distinta sobre Siria que el resto de la comunidad internacional. India mantiene un contencioso con la región de Cachemira; China con las islas Spratly, Paracelso y Taiwán.

Sin duda, los BRICS han venido para quedarse y quieren manifestar, con rotundidad, su opinión en el escenario internacional haciendo valer sus intereses tal y como dictan los preceptos de las teorías del  Realismo (el estado es lo más importante y su supervivencia – seguridad -  está por encima de todo) y del Neorrealismo defensivo (el equilibrio del poder garantiza la seguridad de los estados, consiguiéndolo gracias a los pactos y acuerdos con otros países). Son países, como ya hemos dicho,  con un nivel de crecimiento por encima del 4%, con una clase media al alza y un gran consumo interior, es decir, cuentan con la receta para convertirse en una potencia regional comercial y económica, en asociación con otras que les catapultan a la situación de ser tenidos en cuenta.

Y en esta situación la UE se mueve con dificultad. En la mayor parte de las veces por la inexistencia de una política exterior común a los 28. Y es que la UE se esfuerza en ser más que un socio económico, pero no lo consigue. Consolidar una gobernanza global inclusiva que conlleve a la formación de un verdadero sistema internacional en este siglo es el propósito. Y para ello en cualquier marco de asociación o convenio la UE pretende que los otros firmantes compartan sus valores, reflejados en los artículos 3.5[7] y 21.1[8] del Tratado de la Unión Europea (en adelante TUE), no siendo posible en todas las ocasiones. Algunos países, incluso de los BRICS, se mueven mal en el denominado Soft Power[9] y no entienden la insistencia de la UE en unos términos que le son ajenos, en parte o completamente, impidiendo avanzar en unos acuerdos más allá de los meramente económicos o comerciales. Esta sería una de las primeras conclusiones a las que llegamos leyendo el libro que ha coordinado Antonio Blanc Altemir[10] y que reflexiona sobre la relación entre la UE y Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los denominados BRICS; algunos países consideran injerencia pronunciarse sobre su situación interna e impide poder avanzar en acuerdos de carácter estratégico. A China le resulta incómodo hablar en lo que a democracia y derechos humanos se refiere; Brasil tiene dificultades en cuanto a la corrupción; Rusia quiere volver al establishment de superpotencia en un mundo multipolar y, en la actualidad, con sanciones internacionales, e India tiene 1/3 de la pobreza mundial además de una sociedad divida (injustamente) en castas y una profunda desigualdad de género. Todos, salvo Sudáfrica, tienen instituciones poco sólidas en lo que a democracia se refiere y todos forman parte de la Organización Mundial de Comercio (en adelante OMC). Los estados que forman parte de los BRICS no ven en la UE una estructura política potente con la que poder asociarse, sino un mercado económico en el que poder comprar (incluso deuda soberana de los estados) y, sobre todo, vender (energía fundamentalmente). Para la UE no es una opción no tener acuerdos estables con los BRICS que, en muchos casos, jugando a ser actores globales, ponen las cosas muy difíciles a la UE. Salvo Sudáfrica, el resto de los países emergentes no dispone de un acuerdo de asociación que satisfaga a la UE[11], unas veces por problemas de adaptación normativa con los valores de la UE y otras por dificultades geopolíticas en clave regional (Cachemira es un conflicto que afecta a la India con China y Pakistán; anexión de Crimea por parte de Rusia afecta a EE.UU y a la UE o los problemas del Mar de la China Meridional antes mencionados, entre otros). También es cierto que para ninguno de estos cinco países emergentes la UE supone amenazas a su seguridad. Todo lo contrario. Así, los acuerdos económicos garantizan una relación estable pero no suficiente para todos los BRICS, especialmente Brasil[12] e India[13] que ya han solicitado un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU con el fin de afianzar su papel de actores globales y consolidar su influencia. Sudáfrica también ha solicitado jugar un papel más determinante en la ONU.  Rusia apoya, inicialmente, estas solicitudes de sus socios BRICS, en una acción que acarrearía más peso político a los países emergentes y que favorecería al grupo; incluso otros actores europeos como Francia, Alemania y Reino Unido podrían apoyar, pero la actitud negativa de China paraliza dicha entrada[14]. Los acuerdos de asociación estratégica no son óbice para la firma de acuerdos bilaterales más específicos entre ambas partes, aunque no son los que desearían ni la UE ni los países BRICS, especialmente los primeros.

Pero no podemos olvidar que desde su institucionalización en el 2006, los BRICS, se han perfilado como un bloque de gran poder económico, con una importante contribución a la demografía mundial y al suministro de recursos naturales, lo que le dota de una gran capacidad para influir en la geopolítica mundial[15].

El Servicio Europeo de Acción Exterior  (en adelante SEAE) de la UE, dependiente de la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y de Seguridad, mantiene abiertas 139 delegaciones en el mundo, además de en organismos regionales e internacionales de distinta índole, y participa en las reuniones del G-7, G-8 y G-20. Y aunque mantiene delegación del SEAE en los cinco países BRICS, y acuerdos comerciales o de asociación con alguno de ellos, la UE como superestructura no tiene acuerdos con la entidad supranacional que representan los BRICS. Mientras que para la UE lo importante es la multilateralidad, para los BRICS lo es la multipolaridad. Quizá un acuerdo grupo-grupo facilitara el camino para los ansiados acuerdos de asociación estratégica entre la UE y las economías emergentes.

Los BRICS, en lo económico, representan la integración vigilada de los mercados financieros clásicos  y el comercio mundial tradicional. Son países que han tenido un recorrido distinto en la crisis económica actual y desean mantener controles nacionales estatales en una economía globalizada. Desde luego, no confían en las instituciones multilaterales mundiales para gestionar crisis financieras y monetarias y prefieren crear estructuras que si bien no son paralelas, hacen la competencia a golpe de activos financieros y monetarios. No podemos olvidar que el Parlamento Europeo auguró en 2012 que China sería la primera potencia económica mundial en 2020. En lo político solicitan desarrollo sostenible, seguridad energética y alimentaria. Sin embargo China es el principal receptor de cualquier tipo de energía que permita hacer funcionar sus industrias y calentar a sus 1.300 millones de habitantes, siendo el primer emisor del mundo de gases de efecto invernadero[16].

La Unión Europea enfoca su política exterior en las relaciones globales, como ya dijimos, incluyendo la confianza en la democracia como instrumento de paz entre las naciones, además de la promoción de los intercambios económicos. El Estado de Derecho y sus instituciones garantizan la legalidad internacional. Y esta filosofía se practica gracias a la Política Exterior de la Unión Europea afianzada en la multilateralidad. Los valores compartidos en la acción exterior desde el Tratado de Lisboa (en adelante TL) consiente que la UE exponga sus potencialidades como actor internacional en base a unos valores compartidos por la vieja y la nueva Europa. Lógicamente, esta nueva realidad desde 2007 aunque arraigada en el TUE de Maastricht en 1992, hace que la UE no pase inadvertida para ningún estado ni para las asociaciones regionales o internacionales, ya sean de tipo económico, político o militar. También, al contrario, hace que para la UE resulte de todo punto de vista imprescindible asociarse estratégicamente con los países emergentes en lo económico, además de aquellos con los que conseguir seguridad a través de alianzas colectivas; no en vano desde 1999 el territorio formado por la UE es un espacio de paz, prosperidad, solidaridad y democracia, y el anhelo último de la UE, a través de lo dictado en el TUE o el TL, es que estos valores se generalicen en las regiones y países del mundo.
Como ya hemos dicho, en ningún momento la UE quiere acercarse a los BRICS como grupo. Las relaciones bilaterales con los cinco países a través de asociaciones estratégicas siguen estando cuestionadas, sobre todo los resultados, dado que son elementos más políticos que jurídicos. El objetivo sigue siendo el mismo: la consecución de una gobernanza mundial inclusiva en países que representaban no solo una cualidad económica, sino que representaban un nivel de influencia de primer orden en las diferentes regiones de los países BRICS[17]. Tal y como nos dice S. Gratius[18], la UE plantea el denominado “multilateralismo eficaz”, a través de estrategias bilaterales no solo con los BRICS, sino con los países denominados “socios especiales”[19] con el objetivo ya conocido de alcanzar la gobernanza global.

No podemos obviar que aunque a los países emergentes les una su condición de economías en crecimiento, les separan importantes cuestiones políticas y sociales. Éstas, además, no pueden ser eludidas ni siquiera en los planteamientos comunes de política exterior que suelen adoptar los BRICS. Ya hemos hablado de la heterogeneidad de  sistemas políticos que gobiernan los 5 estados emergentes (férreos regímenes autoritarios y democracias, más o menos, estables); de hecho la asociación estratégica más sencilla y fructífera para la expansión de los valores de la UE es la que se mantiene con Sudáfrica, donde se han desarrollado “.../... instituciones democráticas sólidas y ha introducido mejoras como el saneamiento y el acceso a la educación del sector de la sociedad excluido tradicionalmente[20].” Como ya hemos advertido, la UE favorece con acuerdos y convenios aquellos países que adoptan la democracia como sistema político y la economía social de mercado como medio de interrelacionar bienes y servicios entre los países, regiones y continentes del mundo.

Para la UE no es suficiente con un diálogo permanente con los BRICS. La gobernanza política y financiera es el objetivo, y éste aportará prosperidad a todo el mundo globalizado. Hoy día los riesgos son muchos y están interconectados. Tomando como ejemplo la Declaración conjunta de la Cumbre UE-India, celebrada en Lisboa el 28 de junio de 2000, la UE recurre, de nuevo,  al Soft Power para vincular sus valores a las políticas que promueve en virtud del TUE y el TL. En este sentido la gobernanza global y el estado de derecho se consiguen gracias al trabajo conjunto y bilateral de “.../... cooperación en paz y seguridad internacionales, protección de los derechos humanos (a través de la firma de los tratados internacionales correspondientes), la lucha contra el terrorismo, contra el tráfico de drogas, la erradicación de armas químicas y biológicas.../..[21].” A estas prioridades debemos sumar las del Tratado de No Proliferación Nuclear, ya que tenemos entre los cinco  BRICS tres estados nucleares (China, Rusia e India); Brasil no ha firmado el Tratado de No Proliferación (sí lo ha ratificado en 1998) pero no renuncia a tenerlas en un futuro[22]. Y también la lucha contra el Cambio Climático y sus efectos devastadores en lo que supondrá ausencia de  seguridad energética y alimentaria, fundamentalmente.


Democracia y estado de derecho aportan seguridad, qué duda cabe, pero no todos los estados la conciben igual. También lo es que la UE no ha sido reconocida de manera homogénea  por los BRICS como actor global; en concreto sobre seguridad (fuera del territorio UE) Rusia, China e India han cuestionado los parámetros comunitarios. Y la UE no puede soslayar el hecho de que, en un momento determinado, los BRICS dejen de ser un acrónimo para convertirse en una asociación real más allá de lo económico, copiando,  anexionando o ingresando en  estructuras ya existentes tales como la Organización de Cooperación de Shangai (de la que ya forman parte China, Rusia e India) o la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, que pivota entorno a Rusia y del que forman parte 5 repúblicas ex soviéticas, además de Irán, Afganistán y Serbia.

La UE debe caminar hacia la unificación política, con una política exterior y de seguridad y defensa común a los 28, no la suma de las 28 políticas de los estados UE. Sólo de esa forma el enano político se convierta en un actor internacional de primer orden en todos los sectores de la geopolítica y la economía internacional. Aunque las relaciones internacionales son complejas, el mundo camina hacia la multipolaridad, con líderes regionales claros e influyentes en su entorno. La UE no debe dejar de ser uno de ellos.





[1] Entrevista a Christofh Bertram, Director de la Fundación Ciencia y Política de Alemania. http://elpais.com/diario/2003/08/10/domingo/1060487556_850215.html
[2] Acrónimo ideado por el economista Jim O´Neill en 2001 para agrupar a los principales mercados emergentes, siendo estos Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
[4] Blanc Altemir, Antonio. “La Unión Europea y los BRICS”. Thomson Reuters Aranzadi. Navarra. 2015. Página 13.
[7] Artículo 3.5 TUE. “En sus relaciones con el resto del mundo, la Unión afirmará y promoverá sus valores e intereses y contribuirá a la protección de sus ciudadanos. Contribuirá a la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible del planeta, la solidaridad y el respeto mutuo entre los pueblos, el comercio libre y justo, la erradicación de la pobreza y la protección de los derechos humanos, especialmente los derechos del niño, así como al estricto respeto y al desarrollo del Derecho internacional, en particular el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas.”
[8] Artículo 21.1. TUE. “La acción de la Unión en la escena internacional se basará en los principios que han inspirado su creación, desarrollo y ampliación y que pretende fomentar en el resto del mundo: la democracia, el Estado de Derecho, la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, el respeto de la dignidad humana, los principios de igualdad y solidaridad y el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho internacional. La Unión procurará desarrollar relaciones y crear asociaciones con los terceros países y con las organizaciones internacionales, regionales o mundiales que compartan los principios mencionados en el párrafo primero. Propiciará soluciones multilaterales a los problemas comunes, en particular en el marco de las Naciones Unidas.”
[9] Término acuñado por Joseph Nye en 1990, perfeccionado en 2004, dentro del campo de las relaciones internacionales, que define la capacidad de un actor político y su influencia en otro actor (generalmente un estado) para incidir en él utilizando medios culturales e ideológicos como complemento de los diplomáticos. Se contrapone con el denominado Hard Power, relacionado con las capacidades militares de los estados.
[10] Ibídem nota 4.
[12] Ibídem nota 4. Pág. 51. Consuelo Ramón Chornet “Las relaciones UE-Brasil”.
[13] Ibídem nota 4. Pág. 139. Bénédicte Real. “Las relaciones UE-India: un potencial aún por desarrollar”.
[14] Ibídem nota 4. Pág. 140.
[15] María del Mar Hidalgo García. “La cuarta cumbre de los BRICS”. Documento informativo ieee.es número 19/2012. Instituto español de estudios estratégicos.
[16] China emitió 13.000 millones de toneladas de CO2 que no reflejó en sus informes  http://www.abc.es/sociedad/abci-china-emitio-13000-millones-toneladas-no-registro-informes-201511042016_noticia.html 
[17] “.../... Tales relaciones condicionan, en buena parte, el futuro democrático de Rusia y la estabilidad en Europa.”. Ibídem nota 4. Pág. 62. “.../... Por eso, por el papel que Brasil juega como estabilizador político regional.../...” Ibídem nota 4 Pág. 32. “.../... Sin duda alguna la UE no puede ignorar New Delhi.../... India es hoy día un país con un desarrollo económico prometedor que podría llegar a superar económicamente la hegemonía China en 2050.../... Ibídem nota 4 Pág. 118. “El rápido ascenso de China a la condición de actor global, especialmente desde los años noventa.../...” Ibídem nota 4. Pág. 147. “.../... Desarrollar una asociación estratégica.../... con el país africano, que tuviese en cuenta el papel a nivel regional, continental y mundial.../... A nivel multilateral se reconocía el protagonismo sudafricano en la región.../...Convirtiéndose en una potencia económica regional y global entrando en el grupo de los BRICS como representante africano.”.  Ibídem nota 4. Págs. 208, 209 y 212.
[18] Suzanne Gratius. ¿Profundizar el multilateralismo a través de las Asociaciones Estratégicas de la UE? Documento de Trabajo número 109 (septiembre 2011) del FRIDE.
[19] Los BRICS más EE.UU., Canadá, Japón y Méjico.
[20] Ibídem nota 4. Pág. 212.
[21] Ibídem nota 4. Pág. 123.
[22] Ibídem nota 4. Pág. 43

Recensión sobre el libro dirigido por Antonio Blanc Altemir (varios autores) "La Unión Europea y los BRICS".