viernes, 20 de mayo de 2016

Sunismo y Chiismo

El problema religioso en el yihadismo global actual

Al político y novelista André Malraux se le atribuye la frase “.../... El siglo XXI será religioso o no será”. A medio camino entre una declaración de intenciones y una profecía, hoy podemos afirmar que el francés no se equivocaba si tenemos en cuenta que el principal problema que afecta a la seguridad global tiene que ver con la estrategia que para la implantación mundial del Islam hacen suníes y chiíes. Además, cada una de estas escuelas de pensamiento tiene influencia sobre muchos de los países de la zona MENA[1], gobiernos que ejercen su competencia, legítima o no, e influyen en incrementar o relajar la tensión que soporta la zona o los diferentes conflictos regionales que en ella conviven, casi todos con base religiosa. 

Para entender lo que separa a suníes y chiíes actualmente, se hace necesaria una pequeña introducción sobre el binomio religión y terrorismo, y para ello me parece oportuno rescatar lo que el Profesor David Rapoport describió como la oleada religiosa, dentro de su teoría de las cuatro oleadas del terrorismo moderno[2]. Para el autor desde 1880 hasta nuestros días se han sucedido cuatro oleadas: la anarquista, la anticolonial, la de la nueva izquierda y la religiosa. Las oleadas son ciclos de acontecimientos durante un determinado periodo de tiempo, caracterizado por fases de contracción y expansión en las que una serie de grupos cometen acciones terroristas. El patrón se repite una y otra vez en periodos subsiguientes, pero existen estímulos distintos en cada una de ellas. Las oleadas, permanecen durante un determinado tiempo gracias a la acción coordinada de doctrina y tecnología, muy distinta en cada etapa histórica y que condiciona la práctica del terror. 

El objetivo predominante en cada oleada es la revolución, entendida de un modo distinto en cada una. La mayoría interiorizó la insurrección como la máxima política de la autodeterminación nacional, gracias al legado de las revoluciones americana[3] y francesa[4] (es la francesa la que introduce el término terror en nuestro vocabulario gracias a los jacobinos[5], en cuya época se acuña el terrorismo moderno). 

De las cuatro oleadas nos interesa la religiosa, porque nos introduce en el objeto de nuestra disertación. Ésta comienza en la década de los ochenta del siglo XX y si en las tres oleadas anteriores la identidad religiosa era reconocible únicamente en lo étnico, en la cuarta oleada la religión tiene un significado completamente distinto, justificando los principios para el establecimiento de nuevos advenimientos. 

El Islam es la religión más importante de esta oleada. Pero otras religiones también han producido actos, atentados y terroristas. 

Rapoport nos dice que tres sucesos del mundo islámico proporcionaron el punto de inflexión político, es decir, las condiciones necesarias para la nueva oleada. La revolución iraní[6], los sucesos del Líbano, donde los Chiíes de Hezbolá introducen la bomba suicida, y el asalto a La Meca, secuestrando a cincuenta mil personas[7]. En todos ellos se consiguieron hitos que reforzaban a la religión como elemento unificador de una estrategia revolucionaria. 

Ya aparece el concepto religioso suní, contrapuesto al chií, en numerosos estados con amplias poblaciones musulmanas como Egipto, Siria, Túnez, Marruecos, Argelia, Filipinas o Indonesia. Algunos grupos suníes compiten con la experimentada OLP en atentados contra Israel, gracias fundamentalmente a los veteranos afganos. 

El atentado suicida era la táctica más novedosa además de muy efectiva. Se reafirma, por tanto, el martirio, un concepto con elevado significado religioso. Tal y como nos recuerda Luis de la Corte Ibáñez “.../... una operación suicida requiere muchos menos recursos que una operación armada y anulan la necesidad de tener que preparar la fuga de los terroristas que cometen el atentado, lo que a su vez aumenta el abanico de situaciones posibles en las que se puede atentar”[8]

Siguiendo el razonamiento de Rapoport, durante 2016 seguiremos inmersos en el tercer periodo de la oleada religiosa, ya que esta oleada ha producido dos organizaciones con un patrón de reclutamiento y una articulación únicos en la historia del terrorismo internacional. Estamos hablando de Al Qaeda, creada, financiada y dirigida por el saudí Osama Bin Laden hasta su muerte; en la actualidad está dirigida por el egipcio Aymán Al Zawahirí. La segunda organización es el DAESH o Estado Islámico, fundado Abu Musab Al Zarqawi y actualmente dirigida por Abu Bakr Al Baghdadí, y que en la actualidad ocupa parte de los territorios de Siria e Irak, donde ha proclamando el Califato. 

Es complicado moverse por las interpretaciones coránicas que justifican el terrorismo, ya que los matices van más allá de quien representa la autoridad política y religiosa. Podríamos resumirlas, muy someramente y en un primer momento, en este cuadro de elaboración propia:


DOCTRINAS CLÁSICAS
Retórica de la yihad armada desde el nacimiento y expansión del ISLAM, especialmente difundida contra las cruzadas cristianas. Legitimación de de la rebelión contra los gobernantes musulmanes que no impusieron la sharía, a través de las teorías de Ibn Taymiya, el Hanbalismo y el Wahabismo.
DOCTRINAS CONTEMPORANEAS
Hacen suyas los objetivos estratégicos del salafismo y del islamismo (revitalizar el ISLAM, restauración del califato y unión de todos los musulmanes en la Umma). Recelo hacia los valores de Occidente y le culpa de los males del ISLAM.
YIHADISMO REVOLUCIONARIO
Legitiman el empleo de la violencia, entendida como yihad para alcanzar los objetivos políticos del islamismo. Sayid Qutb es el principal ideólogo. Otro egipcio es Al-Salam Faraj. El concepto yihad es llevado a la práctica por grupos terroristas de alcance nacional.

YIHADISMO GLOBAL
AL QAEDA
Azzam predica internacionalmente la yihad para movilizar a los musulmanes contra la invasión soviética de Afganistán. Organiza la Oficina Afgana de servicios (MAK) como instrumento de propaganda, reclutamiento y obtención de recursos y posteriormente utiliza a los Muyahidín en otras zonas en conflicto. El MAK se transforma en Al-Qaeda gracias a Bin Laden y Al-Zawahiri, convirtiéndose en la principal “empresa” de yihadismo global. Al Qaeda busca la retirada de Occidente del escenario medio oriental para facilitar la caída de los regímenes árabes y restablecer el Califato. De orientación Suní, predican el salafismo yihadista.
 DAEHS, también denominado ESTADO ISLÁMICO (IS, ISIS, ISIL)
Amenaza Híbrida, ya que mezcla insurgencia y terrorismo. Reivindican un territorio para instalar el Califato, al que quieren mantener y extender, sin fronteras ni treguas permanentes. Es una versión extrema del salafismo yihadista que bebe de los mismos autores intelectuales que Al Qaeda.

Pero son muchas más, dentro de un complicadísimo esquema que ocupa el tiempo de más de 1.500 millones de musulmanes que hoy día practican esta religión. Y la opción que se elija condiciona el tipo y calidad de vida que se desarrollará en un determinado territorio. Así, vivir en Irak o Irán, además de sufrir la guerra, determina la práctica mayoritaria del credo chií. Si eres suní y vives en el Líbano, toda precaución es poca ya que el grupo terrorista Hezbolá es chií, aliado del sirio Al Asad, también pro chií pero en un país donde sólo el 10% practica esta tendencia islámica y que tiene sometido a la población a una guerra contra el DAESH, de confesión suní. La mayor parte de las escuelas quedan definidas dentro de los siguientes parámetros:

TENDENCIAS
Suníes, Chiíes, Jariyíes[9], Ismailíes, Imaníes y Zaidíes.

ESCUELAS JURÍDICAS
Suní: Malekita, Hanefita, Chafeíta y Ha.
Chií: Jafarita o Imamita
MOVIMIENTOS
Salafismo, Wahabismo, Deobandi y Sufismo.


Por lo tanto, hoy día tanto el terrorismo de Al Qaeda como la insurgencia terrorista del DAEHS tiene una base religiosa que condiciona su acción geoestratégica y geopolítica. Como síntesis podemos decir que la tradición habla de la fractura de los musulmanes a la muerte del profeta Mahoma, en el 632, por discrepancias sobre el que debía liderar la Umma[10] y estalla tras el asesinato de Alí[11]. Los jariyitas sostenían que el Califa debía ser uno de los más santos y virtuosos de la Umma, mientras que el chiismo defendía que debía pertenecer a la familia del Profeta. El sunismo defendía la manera tradicional árabe pre-islámica para nombrar al líder de la comunidad mediante un consenso entre los líderes de las tribus, eligiendo a la persona que tuviera el respeto de la Umma. Sin embargo la historiografía musulmana sitúa en el año 656 el inicio de esta disputa, el año del asesinato del tercer Califa, Uthman. Según esta versión, Alí fue acusado por Aisha, viuda de Mahoma, y por el Gobernador de Siria, Muawiya, de este asesinato. Alí llego a ser Califa y al no ser reconocido por éstos se retiró pacíficamente a su ciudad. Sin embargo, algunos partidarios suyos no compartían que no se combatiese contra Muawiya y, presumiblemente, esa fue la causa por la que tanto él como su hijo Hasan fuesen asesinados en el 661. La confrontación, finalmente, llegó a producirse, en la llamada batalla de Kerbala[12], en el año 680, donde moriría Hussain, el segundo hijo de Alí y Fátima, y cuyo recuerdo es la fiesta principal del chiísmo. A partir de ese momento los partidarios de Alí, los chiítas, tendrán que vivir en la clandestinidad[13]. Y el recuerdo de esta confrontación y la persecución del chiísmo por parte de los Califas Omeyas de Damasco alimentan, todavía, las tensiones actuales en un conflicto por el liderazgo del Islam. Los chiíes, en torno a 150 millones de practicantes, son mayoría en Irán, Irak y Bahréin, y cuentan con importantes comunidades en Líbano, Yemen, Afganistan, Kuwait, Pakistán, Qatar, Siria, Turquía, Arabia Saudí, Emiratos e India. Los suníes, en torno a 1.300 millones de practicantes, son mayoría en Arabia Saudí, los países del Golfo Pérsico, Egipto, Magreb, África y Asia. En Siria gobiernan los chiíes en un país con predominio sunita mientras que en Bahréin ocurre lo contrario. Una vista al mapa nos dice que, salvo en Irak, el resto vive en las zonas más empobrecidas y menos desarrolladas de los territorios, sometidos a la mayoría sunita. Grosso modo, estas son sus principales diferencias:


TENDENCIA SUNITA
TENDENCIA CHIÍTA
DOCTRINA
No contemplan la necesidad de un guía (Imán) pero han seguido a varios líderes a lo largo de su historia. No creen en la autoridad del clero pero sí ven necesarias las escuelas de interpretación del Islam, donde los denominados Ulemas son tan respetados como los imanes chiítas.
El hombre es libre de elegir sus actos por lo que necesita un guía (Imán) que le permita discernir entre el bien y el mal. Este guía debe ser descendiente del Profeta por vía de su hija Fátima. De la pareja de Fátima y Alí, el primer Imán, desciende el resto.
INTERPRETACIÓN ICONOCLASTA
Son contrarios a cualquier representación de la divinidad o mediación entre Alá y el hombre.
Veneran a sus santos, figuras que han llevado una vida ejemplar, a los que dedican capillas y ermitas que son objeto de peregrinación.
LIDERAZGO RELIGIOSO Y POLÍTICO
Rechazan el clero como principio de autoridad religiosa. Solo creen en la relación directa hombre y Alá y en la interpretación personal del Corán. Separación religión y Estado.
El líder religioso es también el líder político. Así, Mulás y Ayatolás son los guías de la comunidad.


Como vemos, al margen del asunto sobre el liderazgo de la Umma las diferencias entre suníes y chiíes son muy pocas. Mientas los primeros tienen cinco momentos de oración al día (amanecer, mediodía, tarde, ocaso y noche), los chiíes tienen tres momentos (amanecer, mediodía y ocaso). Los suníes se purifican al estilo dictado por el Corán (cara, brazos hasta los codos, cabezas y los pies hasta los tobillos) y añaden boca, nariz y orejas, uniendo a los brazos la mano hasta el codo. Los chiíes hacen lo mismo salvo en el brazo que lo hacen en dirección contraria, desde el codo hasta la mano. El zakat (impuesto) es aceptado por ambas tendencias, el Haj (peregrinación a La Meca) es obligada para todo musulmán, pero los chiíes establecen la justicia social por encima de este deber, y la Mutah (matrimonio temporal), aunque permitido por el Corán, es practicada por los chiíes y criticada por los suníes. 

El yihadismo actual, representado por Al Qaeda y sus franquicias, y el DAESH, son una versión extrema del salafismo, con raíces apocalípticas. Como ya hemos advertido, la religión lo es todo en este movimiento. Para los yihadistas, son los sistemas democráticos, sobre todo los occidentales, los que provocan la pobreza y la injusticia en la sociedad musulmana por lo que se hace necesaria una guerra de legítima defensa[14] donde la rectitud de la ley islámica (sharía) devuelva a la tierra un Califato ideal que reproduzca el existente en los primeros tiempos del Islam. El objetivo es, por tanto, volver a la pureza del salafismo, del siglo VII. A partir de este concepto todo aquel que es explotado, reprimido, los que no pueden ofrecer un futuro de razonable comodidad a los suyos vuelve su cara a la religión como la única salida posible a una situación que supera cualquier intento de conformidad. Se promueve ante los desesperados, de manera inteligente, un sistema totalitario en virtud de las escuelas más radicales, considerando infieles a todos aquellos que están fuera la ley islámica para atemorizar a propios y extraños. Los fanáticos, los que manejan los hilos religiosos de la población, llevan por el camino de la Guerra Santa a un verdadero ejército de personas bajo un prisma salafista yihadista que ha conseguido vencer a movimientos políticos tan importantes como el nacionalismo panárabe y laicista de Nasser, Gadafi o Bumedian. 

Podemos concluir entonces que las razones del yihadismo se encuentran en su ideología de base religiosa. Hay, por tanto, componentes religiosos en el yihadismo actual. 

La religión ha movido más espadas y plumas que las cuestiones nacionalistas o étnicas. De hecho, muchas de éstas han tenido tintes religiosos por lo que acaban siendo a favor o en contra de la instauración de un credo. La fe se asienta en lo más profundo del ser humano, convirtiéndose en pilar y guía, por lo que une y separa con mayor virulencia. Decir que la religión no es relevante hoy día es faltar a la verdad. De los 7.300 millones de habitantes del planeta, más de 6.000 dicen pertenecer a alguna religión, siendo las mayoritarias el Cristianismo, el Islam y el Budismo. Además, la religión suele fundirse con planteamientos nacionalistas, por lo que incrementamos las razones que nos hacen discrepar, legitimando conflictos que poco tienen que ver con lo religioso y que ha servido a muchos gobiernos a ampliar su base social o para justificar una acción determinada, como el terrorismo. 

Federico Aznar Fernández Montesinos[16] nos dice que fue en los años 20 del siglo pasado cuando surge el islamismo político como la mejor solución para encuadrar toda una estrategia política, haciendo de “.../... punto de encuentro entre religión y política”. Con ello se moderniza el islam convirtiendo en anhelos políticos los propios del Islam. A partir de 1980 del siglo pasado surgen de multitud de partidos políticos de base islamista que acceden a muchos de los gobiernos que actualmente se encuentran en países de mayoría musulmana. Toda esta sucesión de acontecimientos acelera la máxima de que el poder político y el religioso sean ostentados por una misma persona, instrumentalizando el poder político. Sin embargo, la diferencia entre ambos se establece en cuanto al modo en el que conseguir reconstruir la Umma: el político importando democracia y el religioso desde la violencia, usando como excusa el salafismo yihadista. 

El salafismo ha existido siempre, ya que hace referencia a los denominados cuatro Califas perfectos[17] de los sunitas. Como ya sabemos, al ser de base suní, el salafismo pretende volver a las raíces del Islam, a la vida que se llevaba en tiempos del profeta Mahoma, la época de esplendor del Islam. Por eso se esfuerzan, desde el terror en muchos casos, en unificar la doctrina para toda la Umma en base a una lectura rigorista de El Corán, pasada por la exacerbación de algunos autores que ponen de manifiesto unos hadices[18] sobre otros. Si el Islam es tradicionalista per sé, el salafismo lo agrava aun mas, enfatizando el retorno a los mejores tiempos del Profeta, con el fin de volver a reproducirlos. En el Corán se encuentran todas las respuestas, no hace falta encontrarlas en otros textos y cualquier acción de la vida se contesta gracias lo escrito en el texto sagrado. Tan es así que los grupos terroristas o insurgentes se sustentan, en mayor o menor grado, en una ideología profundamente religiosa, especialmente el DAESH[19], aunque Al Qaeda incorpora también elementos políticos de primer nivel. Ambos, además, adecúan su planteamiento a la región donde actúan. 

En la estrategia terrorista de Al Qaeda es principal la apuesta por combatir a los países occidentales, y solo después de haber acabado con el verdadero enemigo, dedicar su esfuerzo a los regímenes apóstatas islámicos. En el DAESH no parece tan clara esta secuencia de objetivos, siendo importante el hecho de tener un territorio propio donde proclamar el Califato y desde el que poder exportar la lucha contra Occidente; hacerse con un territorio propio exige atacar países de la órbita islámica, pero generalmente de confesión chií. Y no es casual ya que el salafismo se caracteriza también por su antichiísmo que tiene una tradición wahabí y para poder entender esta última escuela tenemos que remontarnos a lo que ya sabemos: la sucesión del Profeta que los chiíes consideran debía haber recaído en Alí y no en Abu Bakr. Además, el Corán no puede ser interpretado directamente, tal y como dicen los salafistas (sunitas), sino siempre a través de los imanes. 

Para el Corán el creyente está llamado a la acción, es decir, poner remedio cuando se observan actitudes distintas a las dictadas por los diferentes hadices. El problema reside en quien tiene la potestad de poder hacerlo, de poder ejecutar lo que se denomina la hisba[20]. En territorio del DAESH puede aplicarla cualquiera. 

Las zonas de influencia chiíta coinciden con las zonas de dominio del antiguo imperio persa. Irán ha conservado, además, la lengua persa a pesar de su pronta islamización. No tenemos la seguridad de poder afirmar que desde el DAESH, además de financiarse con las ruinas de la antigua Palmira, estuvieran asestando un nuevo golpe, esta vez cultural, al chiísmo. Lo que sí está claro es que las diferencias entre ambas tendencias llegan a justificar actos que preocupan sobremanera al conjunto de los países, sean occidentales o no. No tiene sentido preguntarse si el chiísmo es más abierto y tolerante que el sunismo. Los suníes no tienen clérigos pero sí líderes religiosos que son a la vez los políticos. El Imán suní, el que dirige la oración, es una persona que conoce los fundamentos del Islam porque se ha formado para ello; pero no es una persona sagrada ni tiene participación especial en el concepto divino del salafismo. Como ya sabemos, los chiítas son muy clericales, prohibiendo a sus miembros ejercer cargos políticos. El imanato es uno de los pilares del chiísmo ya que Dios no puede permitir que el hombre camine hacia su perdición, necesitando guías espirituales para corregir su rumbo. 

Hoy podemos decir que de entre todos los movimientos extremistas armados musulmanes, la mayoría de los ataques contra civiles los ejecutan grupos de tendencia suní, fundamentalmente el DAESH. Por el contrario, los chiítas son los que menos lo reivindican, al tener tan solo a Hezbolá como grupo activo. Son continuos los ataques contra chiítas, ya sea en sus barrios, mezquitas o intereses, por parte del DAESH. ¿Son los suníes más radicales? Puede que sí, pero ante la duda sobre qué responder podemos afirmar, sin género de dudas, que son más numerosos. Además, los chiíes son herejes ante los ojos de los suníes, ya que para ellos su credo no forma parte del Islam. No tiene la misma visión un chií, ya que considera al suní musulmán, aunque practicante de otra doctrina distinta de la suya. El hecho de tener un solo líder permite a los chiíes disponer de alguien que interprete el Corán y la Sunna, la tradición. Los suníes tienen tantos líderes como grupos de combatientes, por lo que es habitual que utilicen el terror según su rigor, que suele estar muy alejado de los conceptos clericales generales y más cerca de aquellos que justifican su lucha. Por último, mientras los suníes buscan su Califato mundial, los chiíes están más preocupados por establecer su poder en su territorio. 

Si la religión es clave para entender la historia del mundo, también lo es hoy día para entender el fenómeno terrorista e insurgente yihadista. Y aunque en estas organizaciones se mezcle política y religión, desde mi punto de vista, es lo segundo lo que motiva toda una estrategia y el afán de conseguir un objetivo. Gracias a la religión se han incorporado nuevas dinámicas geopolíticas y geoestratégicas al mapa internacional, como viene ocurriendo desde que el mundo lo es. Por lo tanto no sería descabellado intentar entender las dinámicas islamistas, que no islámicas. Y esperar una respuesta contundente por parte de aquellos que coincidiendo con la creencia no comparten los métodos terroristas para implantar su credo. Y no es baladí recordar a Robert Axelrod y su teoría de las Ganancias Relativas, donde en una posible estrategia de Blood Kinship, algunos países árabes estén dejando que otros se debiliten para poder implantar más fácilmente sus intereses y creencias.



[1] Acrónimo de Middle East and North Africa.
[2] Ensayo elaborado por David Rapoport, catedrático emérito de ciencia política en la universidad de California (UCLA).

[3] Conflicto que dio lugar a la declaración de independencia de Estados Unidos de 1776.
[4] Revolución francesa de 1789.
[5] En la actualidad el término jacobino se aplica a quien es partidario de medidas revolucionarias o al izquierdista radical.
[6] La revolución islámica de 1979, fue el proceso de movilizaciones que desembocó en el derrocamiento del Sha de Persia Mohammad Reza Pahlevi y la consiguiente instauración de la República Islámica actualmente vigente en Irán.
[7] El salafista suní Al Utaybi y quinientos  seguidores  asaltaron la gran mezquita de La Meca el 20 de Noviembre de 1979,  secuestrando a las cincuenta mil personas que allí estaban con un resultado de más de mil víctimas.
[8] Luis de la Corte Ibáñez. La Lógica del Terrorismo. Alianza Editorial. Madrid. 2006. Página 273.
[9] Los Jariyitas se presentan como los puritanos del Islam.
[10] Ummat al-Islam o Ummat al-nabi, la comunidad de los musulmanes que creen en Alá como su Dios y en Mahoma como enviado suyo. Umma: El integrismo en el Islam. Antonio Elorza. Ciencia Política Alianza Editorial. Madrid. 2002. Página 24 y ss.
[11] Abu l-Hasan Ali Ibn Abi Tálib, más conocido como Alí, primo y yerno de Mahoma al estar casado con Fátima, su hija. Alí es el cuarto y último Califa bien guiado para los suníes y el primer Imán para los Chiíes.
[12] La batalla de Karbalā fue un breve combate librado el 10 de octubre del año 680, entre un ejército enviado por Yazid I, de los Omeyas, y un pequeño grupo de familiares y seguidores que acompañaban a Hussain ibn Alí, nieto del profeta Mahoma.
[13] Notas recogidas del estudio Islam. La media luna creciente. Cuadernos Cristianismo y Justicia de la Fundación Lluis Espinal. Número 197. Jaume Flaquer.
[14] Ibn Taymiyya, uno de los ideólogos del yihad  llegó a decir que “.../... el yihad es el mejor acto voluntario que un hombre puede llevar a cabo, mejor incluso que la peregrinación a La Meca o la oración”. La internacional Yihadista. Cuadernos de Estrategia. Ieee.es. Número 173. El yihadismo en su contexto histórico. Ignacio Fuente Cobo.
[15] Desde 1990 57 estados mundiales no han ratificado la Declaración de Derechos Humanos de 1948. Los de origen musulmán han ratificado la llamada Declaración de Derechos Humanos del Islam, o Declaración de El Cairo, que incluye una lista de derechos distinta a la de Naciones Unidas http://www.abc.es/internacional/20131016/abci-declaracion-islam-201310151725.html
[16] La internacional Yihadista. Cuadernos de Estrategia. Ieee.es. Número 173. Los componentes ideológicos del yihadismo.
[17] Abu Bakr, Omar, Utmán y Alí.
[18] Un hadiz literalmente significa un dicho o una conversación, pero islámicamente representa los dichos y las acciones del Profeta Mahoma relatadas por sus compañeros y compiladas por aquellos sabios que les sucedieron.
[19] El DAESH ha recuperado tradiciones del siglo VII tales como la crucifixión,  la esclavitud o la lapidación. 
[20] “Aquel de vosotros que vea algo ilícito debe impedirlo con su mano; si no puede con su lengua y si no puede con su corazón y éste es el grado más débil de la fe” Los jardines de los justos. Imán An Nawawi.  http://www.islamicbulletin.org/spanish/ebooks/jardin_espanol.pdf

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