viernes, 2 de septiembre de 2016

La UE y los BRICS

El 10 de agosto de 2003 el diario El País[1] entrevistaba a Christoph Bertram. En dicha entrevista el Director de la prestigiosa Fundación alemana Ciencia y Política expresó lo que ha venido a ser el leitmotiv más recurrente de los últimos 15 años: “La Unión Europea es un gigante económico pero un enano estratégico.../...”. Y esta expresión se repite como un mantra en cuanto a la dimensión política de la Unión Europea (en adelante UE) se refiere, en cualquiera de sus facetas, interesándonos hoy lo que sucede en cuanto a sus relaciones con los denominados BRICS[2], sobre todo en lo referido a la Política Exterior y de Seguridad Común (en adelante PESC), la Política Europea de Seguridad y Defensa (en adelante PESD) y a toda su Acción Exterior (en adelante AE) que, como sabemos, son ámbitos específicos de la UE sometidos a un funcionamiento distinto del resto de las políticas comunitarias. Lógicamente, la dinámica económica es la salsa que condimenta todas estas relaciones, puesto que no podemos olvidar que estos cinco países representan el 40% de la población mundial, el 25% del PIB mundial y que entre 2005 y 2015 supusieron el 50% del crecimiento económico global.  Porque los BRICS cuestionan el poder establecido. El Nuevo Banco de Desarrollo[3], el banco de los BRICS, nació en julio del año pasado con una dotación de 100.000 millones de $ por país y para el quinquenio 2015-2020, especialmente destinado para atender las necesidades de reservas internacionales en periodos de crisis[4] disputando el poder al Fondo Monetario Internacional (en adelante FMI) y al propio Banco Mundial, planteándose, incluso, acuñar su propia moneda. No podemos olvidar los factores geográficos y demográficos comunes a las cinco economías emergentes. Además mantienen esta actitud ante los graves problemas geoestratégicos y geopolíticos internacionales actuales:  ninguno de los BRICS condenó la anexión rusa de Crimea en su conflicto con Ucrania[5], se abstuvieron (junto a Alemania) en marzo de 2011 en la votación de la resolución 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas[6] (en adelante ONU) sobre una zona de exclusión aérea en Libia solicitando más diálogo entre las partes, y manifestaron una postura distinta sobre Siria que el resto de la comunidad internacional. India mantiene un contencioso con la región de Cachemira; China con las islas Spratly, Paracelso y Taiwán.

Sin duda, los BRICS han venido para quedarse y quieren manifestar, con rotundidad, su opinión en el escenario internacional haciendo valer sus intereses tal y como dictan los preceptos de las teorías del  Realismo (el estado es lo más importante y su supervivencia – seguridad -  está por encima de todo) y del Neorrealismo defensivo (el equilibrio del poder garantiza la seguridad de los estados, consiguiéndolo gracias a los pactos y acuerdos con otros países). Son países, como ya hemos dicho,  con un nivel de crecimiento por encima del 4%, con una clase media al alza y un gran consumo interior, es decir, cuentan con la receta para convertirse en una potencia regional comercial y económica, en asociación con otras que les catapultan a la situación de ser tenidos en cuenta.

Y en esta situación la UE se mueve con dificultad. En la mayor parte de las veces por la inexistencia de una política exterior común a los 28. Y es que la UE se esfuerza en ser más que un socio económico, pero no lo consigue. Consolidar una gobernanza global inclusiva que conlleve a la formación de un verdadero sistema internacional en este siglo es el propósito. Y para ello en cualquier marco de asociación o convenio la UE pretende que los otros firmantes compartan sus valores, reflejados en los artículos 3.5[7] y 21.1[8] del Tratado de la Unión Europea (en adelante TUE), no siendo posible en todas las ocasiones. Algunos países, incluso de los BRICS, se mueven mal en el denominado Soft Power[9] y no entienden la insistencia de la UE en unos términos que le son ajenos, en parte o completamente, impidiendo avanzar en unos acuerdos más allá de los meramente económicos o comerciales. Esta sería una de las primeras conclusiones a las que llegamos leyendo el libro que ha coordinado Antonio Blanc Altemir[10] y que reflexiona sobre la relación entre la UE y Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica, los denominados BRICS; algunos países consideran injerencia pronunciarse sobre su situación interna e impide poder avanzar en acuerdos de carácter estratégico. A China le resulta incómodo hablar en lo que a democracia y derechos humanos se refiere; Brasil tiene dificultades en cuanto a la corrupción; Rusia quiere volver al establishment de superpotencia en un mundo multipolar y, en la actualidad, con sanciones internacionales, e India tiene 1/3 de la pobreza mundial además de una sociedad divida (injustamente) en castas y una profunda desigualdad de género. Todos, salvo Sudáfrica, tienen instituciones poco sólidas en lo que a democracia se refiere y todos forman parte de la Organización Mundial de Comercio (en adelante OMC). Los estados que forman parte de los BRICS no ven en la UE una estructura política potente con la que poder asociarse, sino un mercado económico en el que poder comprar (incluso deuda soberana de los estados) y, sobre todo, vender (energía fundamentalmente). Para la UE no es una opción no tener acuerdos estables con los BRICS que, en muchos casos, jugando a ser actores globales, ponen las cosas muy difíciles a la UE. Salvo Sudáfrica, el resto de los países emergentes no dispone de un acuerdo de asociación que satisfaga a la UE[11], unas veces por problemas de adaptación normativa con los valores de la UE y otras por dificultades geopolíticas en clave regional (Cachemira es un conflicto que afecta a la India con China y Pakistán; anexión de Crimea por parte de Rusia afecta a EE.UU y a la UE o los problemas del Mar de la China Meridional antes mencionados, entre otros). También es cierto que para ninguno de estos cinco países emergentes la UE supone amenazas a su seguridad. Todo lo contrario. Así, los acuerdos económicos garantizan una relación estable pero no suficiente para todos los BRICS, especialmente Brasil[12] e India[13] que ya han solicitado un sillón permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU con el fin de afianzar su papel de actores globales y consolidar su influencia. Sudáfrica también ha solicitado jugar un papel más determinante en la ONU.  Rusia apoya, inicialmente, estas solicitudes de sus socios BRICS, en una acción que acarrearía más peso político a los países emergentes y que favorecería al grupo; incluso otros actores europeos como Francia, Alemania y Reino Unido podrían apoyar, pero la actitud negativa de China paraliza dicha entrada[14]. Los acuerdos de asociación estratégica no son óbice para la firma de acuerdos bilaterales más específicos entre ambas partes, aunque no son los que desearían ni la UE ni los países BRICS, especialmente los primeros.

Pero no podemos olvidar que desde su institucionalización en el 2006, los BRICS, se han perfilado como un bloque de gran poder económico, con una importante contribución a la demografía mundial y al suministro de recursos naturales, lo que le dota de una gran capacidad para influir en la geopolítica mundial[15].

El Servicio Europeo de Acción Exterior  (en adelante SEAE) de la UE, dependiente de la Alta Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y de Seguridad, mantiene abiertas 139 delegaciones en el mundo, además de en organismos regionales e internacionales de distinta índole, y participa en las reuniones del G-7, G-8 y G-20. Y aunque mantiene delegación del SEAE en los cinco países BRICS, y acuerdos comerciales o de asociación con alguno de ellos, la UE como superestructura no tiene acuerdos con la entidad supranacional que representan los BRICS. Mientras que para la UE lo importante es la multilateralidad, para los BRICS lo es la multipolaridad. Quizá un acuerdo grupo-grupo facilitara el camino para los ansiados acuerdos de asociación estratégica entre la UE y las economías emergentes.

Los BRICS, en lo económico, representan la integración vigilada de los mercados financieros clásicos  y el comercio mundial tradicional. Son países que han tenido un recorrido distinto en la crisis económica actual y desean mantener controles nacionales estatales en una economía globalizada. Desde luego, no confían en las instituciones multilaterales mundiales para gestionar crisis financieras y monetarias y prefieren crear estructuras que si bien no son paralelas, hacen la competencia a golpe de activos financieros y monetarios. No podemos olvidar que el Parlamento Europeo auguró en 2012 que China sería la primera potencia económica mundial en 2020. En lo político solicitan desarrollo sostenible, seguridad energética y alimentaria. Sin embargo China es el principal receptor de cualquier tipo de energía que permita hacer funcionar sus industrias y calentar a sus 1.300 millones de habitantes, siendo el primer emisor del mundo de gases de efecto invernadero[16].

La Unión Europea enfoca su política exterior en las relaciones globales, como ya dijimos, incluyendo la confianza en la democracia como instrumento de paz entre las naciones, además de la promoción de los intercambios económicos. El Estado de Derecho y sus instituciones garantizan la legalidad internacional. Y esta filosofía se practica gracias a la Política Exterior de la Unión Europea afianzada en la multilateralidad. Los valores compartidos en la acción exterior desde el Tratado de Lisboa (en adelante TL) consiente que la UE exponga sus potencialidades como actor internacional en base a unos valores compartidos por la vieja y la nueva Europa. Lógicamente, esta nueva realidad desde 2007 aunque arraigada en el TUE de Maastricht en 1992, hace que la UE no pase inadvertida para ningún estado ni para las asociaciones regionales o internacionales, ya sean de tipo económico, político o militar. También, al contrario, hace que para la UE resulte de todo punto de vista imprescindible asociarse estratégicamente con los países emergentes en lo económico, además de aquellos con los que conseguir seguridad a través de alianzas colectivas; no en vano desde 1999 el territorio formado por la UE es un espacio de paz, prosperidad, solidaridad y democracia, y el anhelo último de la UE, a través de lo dictado en el TUE o el TL, es que estos valores se generalicen en las regiones y países del mundo.
Como ya hemos dicho, en ningún momento la UE quiere acercarse a los BRICS como grupo. Las relaciones bilaterales con los cinco países a través de asociaciones estratégicas siguen estando cuestionadas, sobre todo los resultados, dado que son elementos más políticos que jurídicos. El objetivo sigue siendo el mismo: la consecución de una gobernanza mundial inclusiva en países que representaban no solo una cualidad económica, sino que representaban un nivel de influencia de primer orden en las diferentes regiones de los países BRICS[17]. Tal y como nos dice S. Gratius[18], la UE plantea el denominado “multilateralismo eficaz”, a través de estrategias bilaterales no solo con los BRICS, sino con los países denominados “socios especiales”[19] con el objetivo ya conocido de alcanzar la gobernanza global.

No podemos obviar que aunque a los países emergentes les una su condición de economías en crecimiento, les separan importantes cuestiones políticas y sociales. Éstas, además, no pueden ser eludidas ni siquiera en los planteamientos comunes de política exterior que suelen adoptar los BRICS. Ya hemos hablado de la heterogeneidad de  sistemas políticos que gobiernan los 5 estados emergentes (férreos regímenes autoritarios y democracias, más o menos, estables); de hecho la asociación estratégica más sencilla y fructífera para la expansión de los valores de la UE es la que se mantiene con Sudáfrica, donde se han desarrollado “.../... instituciones democráticas sólidas y ha introducido mejoras como el saneamiento y el acceso a la educación del sector de la sociedad excluido tradicionalmente[20].” Como ya hemos advertido, la UE favorece con acuerdos y convenios aquellos países que adoptan la democracia como sistema político y la economía social de mercado como medio de interrelacionar bienes y servicios entre los países, regiones y continentes del mundo.

Para la UE no es suficiente con un diálogo permanente con los BRICS. La gobernanza política y financiera es el objetivo, y éste aportará prosperidad a todo el mundo globalizado. Hoy día los riesgos son muchos y están interconectados. Tomando como ejemplo la Declaración conjunta de la Cumbre UE-India, celebrada en Lisboa el 28 de junio de 2000, la UE recurre, de nuevo,  al Soft Power para vincular sus valores a las políticas que promueve en virtud del TUE y el TL. En este sentido la gobernanza global y el estado de derecho se consiguen gracias al trabajo conjunto y bilateral de “.../... cooperación en paz y seguridad internacionales, protección de los derechos humanos (a través de la firma de los tratados internacionales correspondientes), la lucha contra el terrorismo, contra el tráfico de drogas, la erradicación de armas químicas y biológicas.../..[21].” A estas prioridades debemos sumar las del Tratado de No Proliferación Nuclear, ya que tenemos entre los cinco  BRICS tres estados nucleares (China, Rusia e India); Brasil no ha firmado el Tratado de No Proliferación (sí lo ha ratificado en 1998) pero no renuncia a tenerlas en un futuro[22]. Y también la lucha contra el Cambio Climático y sus efectos devastadores en lo que supondrá ausencia de  seguridad energética y alimentaria, fundamentalmente.


Democracia y estado de derecho aportan seguridad, qué duda cabe, pero no todos los estados la conciben igual. También lo es que la UE no ha sido reconocida de manera homogénea  por los BRICS como actor global; en concreto sobre seguridad (fuera del territorio UE) Rusia, China e India han cuestionado los parámetros comunitarios. Y la UE no puede soslayar el hecho de que, en un momento determinado, los BRICS dejen de ser un acrónimo para convertirse en una asociación real más allá de lo económico, copiando,  anexionando o ingresando en  estructuras ya existentes tales como la Organización de Cooperación de Shangai (de la que ya forman parte China, Rusia e India) o la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, que pivota entorno a Rusia y del que forman parte 5 repúblicas ex soviéticas, además de Irán, Afganistán y Serbia.

La UE debe caminar hacia la unificación política, con una política exterior y de seguridad y defensa común a los 28, no la suma de las 28 políticas de los estados UE. Sólo de esa forma el enano político se convierta en un actor internacional de primer orden en todos los sectores de la geopolítica y la economía internacional. Aunque las relaciones internacionales son complejas, el mundo camina hacia la multipolaridad, con líderes regionales claros e influyentes en su entorno. La UE no debe dejar de ser uno de ellos.





[1] Entrevista a Christofh Bertram, Director de la Fundación Ciencia y Política de Alemania. http://elpais.com/diario/2003/08/10/domingo/1060487556_850215.html
[2] Acrónimo ideado por el economista Jim O´Neill en 2001 para agrupar a los principales mercados emergentes, siendo estos Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.
[4] Blanc Altemir, Antonio. “La Unión Europea y los BRICS”. Thomson Reuters Aranzadi. Navarra. 2015. Página 13.
[7] Artículo 3.5 TUE. “En sus relaciones con el resto del mundo, la Unión afirmará y promoverá sus valores e intereses y contribuirá a la protección de sus ciudadanos. Contribuirá a la paz, la seguridad, el desarrollo sostenible del planeta, la solidaridad y el respeto mutuo entre los pueblos, el comercio libre y justo, la erradicación de la pobreza y la protección de los derechos humanos, especialmente los derechos del niño, así como al estricto respeto y al desarrollo del Derecho internacional, en particular el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas.”
[8] Artículo 21.1. TUE. “La acción de la Unión en la escena internacional se basará en los principios que han inspirado su creación, desarrollo y ampliación y que pretende fomentar en el resto del mundo: la democracia, el Estado de Derecho, la universalidad e indivisibilidad de los derechos humanos y de las libertades fundamentales, el respeto de la dignidad humana, los principios de igualdad y solidaridad y el respeto de los principios de la Carta de las Naciones Unidas y del Derecho internacional. La Unión procurará desarrollar relaciones y crear asociaciones con los terceros países y con las organizaciones internacionales, regionales o mundiales que compartan los principios mencionados en el párrafo primero. Propiciará soluciones multilaterales a los problemas comunes, en particular en el marco de las Naciones Unidas.”
[9] Término acuñado por Joseph Nye en 1990, perfeccionado en 2004, dentro del campo de las relaciones internacionales, que define la capacidad de un actor político y su influencia en otro actor (generalmente un estado) para incidir en él utilizando medios culturales e ideológicos como complemento de los diplomáticos. Se contrapone con el denominado Hard Power, relacionado con las capacidades militares de los estados.
[10] Ibídem nota 4.
[12] Ibídem nota 4. Pág. 51. Consuelo Ramón Chornet “Las relaciones UE-Brasil”.
[13] Ibídem nota 4. Pág. 139. Bénédicte Real. “Las relaciones UE-India: un potencial aún por desarrollar”.
[14] Ibídem nota 4. Pág. 140.
[15] María del Mar Hidalgo García. “La cuarta cumbre de los BRICS”. Documento informativo ieee.es número 19/2012. Instituto español de estudios estratégicos.
[16] China emitió 13.000 millones de toneladas de CO2 que no reflejó en sus informes  http://www.abc.es/sociedad/abci-china-emitio-13000-millones-toneladas-no-registro-informes-201511042016_noticia.html 
[17] “.../... Tales relaciones condicionan, en buena parte, el futuro democrático de Rusia y la estabilidad en Europa.”. Ibídem nota 4. Pág. 62. “.../... Por eso, por el papel que Brasil juega como estabilizador político regional.../...” Ibídem nota 4 Pág. 32. “.../... Sin duda alguna la UE no puede ignorar New Delhi.../... India es hoy día un país con un desarrollo económico prometedor que podría llegar a superar económicamente la hegemonía China en 2050.../... Ibídem nota 4 Pág. 118. “El rápido ascenso de China a la condición de actor global, especialmente desde los años noventa.../...” Ibídem nota 4. Pág. 147. “.../... Desarrollar una asociación estratégica.../... con el país africano, que tuviese en cuenta el papel a nivel regional, continental y mundial.../... A nivel multilateral se reconocía el protagonismo sudafricano en la región.../...Convirtiéndose en una potencia económica regional y global entrando en el grupo de los BRICS como representante africano.”.  Ibídem nota 4. Págs. 208, 209 y 212.
[18] Suzanne Gratius. ¿Profundizar el multilateralismo a través de las Asociaciones Estratégicas de la UE? Documento de Trabajo número 109 (septiembre 2011) del FRIDE.
[19] Los BRICS más EE.UU., Canadá, Japón y Méjico.
[20] Ibídem nota 4. Pág. 212.
[21] Ibídem nota 4. Pág. 123.
[22] Ibídem nota 4. Pág. 43

Recensión sobre el libro dirigido por Antonio Blanc Altemir (varios autores) "La Unión Europea y los BRICS". 

No hay comentarios:

Publicar un comentario